Tía María

Tía María

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¿Cómo es mi día a día? ¿Cual es mi aportación en Khanimambo? ¿Cómo es vivir esta experiencia? Algunas de las preguntas que están en vuestra mente. Os lo voy a contar con más detalle.

Khanimambo es una familia, mi familia aquí, y me siento acogida, arropada y cuidada. Desde los educadores, la administración, las mamás de la cocina, las de la enfermería, todos me tratan como a una más, se preocupan de que esté bien. Me piden ayuda, nuevas ideas que los puedan hacer evolucionar en su asistencia al desarrollo de estos niños. Trabajan como un gran equipo, se respetan entre ellos y están abiertos a las sugerencias de todo el mundo. Creo que en muy pocas ocasiones incluso en mi vida profesional me he encontrado con un equipo así.

Aquí la manera de tratar a alguien con respeto es llamarle Tio o Tía. Desde que llegué yo soy Tía María. Claro que os estáis riendo tal como yo me reí el primer día. Ahora ya estoy acostumbrada y de hecho me encanta ser Tía María para ellos. En este país hay muy pocos blancos, tanto es así que me paran por la calle para hacerse fotos conmigo. Somos un gran desconocido para ellos y su curiosidad es genuina cuando te preguntan sobre tu vida. Les divierte mucho compartir momentos contigo, conocerte y saber tu perspectiva. Inlcuso los niños no se cansan de tocarme la cara y el pelo fascinados. Aquí yo represento lo exótico.

Me levanto muy temprano por las mañanas, antes de las 6h ya estoy en pie. Tengo el tiempo justo de prepararme, tomar un té y salir de casa. Mi paseo matutino de 35 minutos hasta la fundación me encanta, es uno de los momentos más especiales del día. Mientras camino me acompañan el sonido de los pájaros, el olor a leña de los desayunos preparados al fuego y los buenos días de todas las personas que me cruzo. A algunos de ellos ya los voy conociendo. Camino por la carretera principal, los niños pequeños que esperan el autobús me saludan con sus manitos desde la parada gritando “¡Bom dia Tia Maria!”. Es una manera genial de empezar el día. Os puedo decir de cada mañana me encanta levantarme.

Nada más llegar a Khanimambo los niños de preescolar corren a abrazarme, me cuentan cómo están y cómo fue su día o su fin de semana. Yo les abrazo, les cuento cómo estoy yo, los inundo de besos y los envío a la fila para el desayuno. A las 7h se empieza a servir el desayuno en el comedor, y todos hacemos la tarea de servir a los niños, mantener la calma y la limpieza, organizar el ambiente. El respeto que estos niños tienen a la comida no se ve a menudo. Me doy cuenta de que esa vieja escuela en la que me educaron en casa es justo en lo que se educa aqui: el respeto, el cuidado, la importancia de la comida, las responsabilidades desde pequeña. Aqui los niños tienen sus responsabilidades, todos limpian sus platos y sus cubiertos, todos aprenden a tomar en baño y a lavarse antes de comer.

Dependiendo del día mis actividades varían. Los lunes ayudo a los otros profesores y preparo mis actividades de la semana. Los martes son los días de clases de inglés, les encanta aprender inglés y agradecen mucho que los ayude. Los miércoles los dedicamos al taller de dibujo de expresión, se ve claramente que a medida que pasan las semanas se meten más y más fácilmente en el juego de pintar, su concentraci ón va en aumento. Más tarde ese día hacemos una actividad sobre los diferentes países, sus capitales, situación en el mapa, musica y danza de cada uno. Lo he diseñado para ellos sabiendo que les encanta bailar y eso les motiva, la última semana bailaron desde un vals de Viena hasta un palm-wine de Angola o una Zorba griega. ¡Está siendo un éxito! Los jueves ayudo en diferentes áreas sea cocina, enfermeria, etc. Los viernes termina la semana con los talentos, por las mañanas soy alumna aprendiendo a coser carteras hechas de tela de capulanas y por las tardes les hago un taller de lectura. Cada día es un nuevo descubrimiento, me están enseñando tanto … dificil explicarlo.

Esta semana en la enfermería cuidé a un niño con malaria. Laosiano tiene diez años, es un niño timido, inteligente, de grandes ojos y sonrisa luminosa. Su profesor, el tío Idalio lo trajo porque lo encontró llorando en el patio. Le dolía la barriga y se encontraba muy mal. Efectivamente vimos que tenía fiebre y que temblaba con frio. Todos sus síntomas eran de malaria, le dimos un jarabe para bajar la fiebre y le dejamos descansar. Me quedé con él acariciándole la espalda mientras descansaba y hablándole un poco para consolarlo. Las realidades de estos niños son muy complicadas, en sus casas la pobreza es extrema, son afortunados si tienen a algún familiar que se ocupa de ellos, gran parte son huérfanos y no tienen otro sitio donde los cuiden si no es en Khanimambo. Aqui se les da un amor, un cariño y un cuidado que no podrían tener fuera. La muerte es algo muy común, ante la enfermedad reaccionan estoicamente, con aceptación, no se quejan, no patalean … son niños muy fuertes.

Después de Laosiano vino Eva, otra niña con malaria. Cuando la fiebre les bajó les dimos su comida (a veces la unica que tienen) y los enviamos a casa para que fuesen al hospital con sus familiares. Al día siguiente Laosiano volvió con su madre, después de 10 horas esperando en el hospital confirmaron que tenía malaria y le dieron su tratamiento. No podía dejar de abrazarle y de hablarle. No os puedo explicar bien la ternura que me inspiró este niño y lo que aprendí de él. Creamos un vínculo especial entre los dos. Son esos momentos en los que te das cuenta de inmediato que lo que está pasando es algo mágico y único.

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