Viviendo en comunidad

Viviendo en comunidad

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Cuando visitas un nuevo país y quieres conocer su esencia y no sólo su fachada necesitas vivir en comunidad. Esa experiencia te da las claves para entender los por qué de tantas cosas. Y para vivir en comunidad necesitas ser afortunado de encontrar a quien te acoja. En Mozambique eso es fácil, este país te acoge nada más llegar y te abre sus comunidades si muestras interés. Un mozambicano te invitará a su casa y te ofrecerá su amistad ante el primer gesto de simpatía por tu parte. Para mí ellos han sido grandes maestros.

Pues bien, como yo soy de las muy afortunadas al pertenecer a la comunidad de Khanimambo pude vivir estos días experiencias en comunidad que recordaré para siempre. Primero fue la visita al mercado con Tía Guida. Ella es de esas personas de sonrisa perpetua y corazón transparente. Fue la primera en invitarme a su casa cuando llegué, una construcción local mozambicana llena de encanto, limpia y muy ordenada. Ella solita ha conseguido mantener a su familia y construir su casa. Su historia es la de una mujer valiente y capaz a la que la vida le ha puesto retos que ha superado más allá de sus expectativas. Tía Guida desborda amor, ella ha sido como mi hermana mayor aquí. Me encantaría que las dos se conociesen porque ambas son de esas personas de energía brillante y cálida que hacen la diferencia en este mundo.

Guida me llevó al mercado local. Allí paseamos por todos los puestos donde las mamás ofrecían sus preciados bienes: mandioca, bananas, naranjas, tomates, pepinos, batata dulce, …. ¡qué maravilla de materia prima! Y casi todo por 20 meticais cada 5-6 piezas, eso son menos de 0.30 céntimos. ¿Os imagináis lo ecológicos que son estos productos y a lo que se venderían en España? Mi hermana encontraría aquí su mercado ideal aunque necesitaríamos un camión para desplazarnos. Me llevé una buena compra de allí y feliz de comprarles a esas mujeres curtidas de “machamba” (campo de cultivo). En Mozambique son las mujeres las que trabajan el campo, las que cuidan a las familias (casi siempre solas) y las que más sufren. Creo que este comentario podría valer para toda África y para casi todo el mundo rural. La mujer africana es muy fuerte, vive realidades más duras de las que nunca nos podríamos imaginar y es un ejemplo para sus hijos. Esto no le impide ser alegre, dinámica, divertida y orgullosa de quien es. Me quito el sombrero con ellas.

Al día siguiente del mercado fui invitada a una celebración religiosa en la que participaba la hija de un compañero de Khanimambo. Era su comunión. Y yo recordé la mía. No soy una persona religiosa y creo que con el respeto todos podemos convivir de la manera más pacífica. Aquí en Mozambique conviven religiones como la cristiana, la musulmana , los hindúes, testigos de Jehová y las religiones animistas de creencias ancestrales que son la mitad de la población. Aquí se cree mucho en las prácticas del ocultismo, los brujos todavía hoy reciben más consultas que los médicos. En este país se convive con respeto y tolerancia ante todas esas diferencias.

Me encantó ser invitada a esta celebración, sobretodo a la parte en casa de la familia. El ritual en la iglesia se parece mucho al de España, aunque el baile africano lo llena de color. La comida se celebró en casa de la familia. Una sencilla y humilde casa convirtió su parte exterior en un maravilloso salón de fiesta donde comimos platos tradicionales como el carril (un guiso con carne y frijoles) o la nshima ( un tipo de polenta muy usada como acompañamiento al llenar bien la barriga) regados con cervezas mozambicanas (Manica, 2M) e incluso vino. Hubo baile, risas, canciones, regalos y hasta tarta. Me emocionó especialmente ver cómo la importancia recaía en compartir el momento juntos, en aprovechar la ocasión para hablar y agradecer. Los regalos eran secundarios, podían ser una capulana o una canción dedicada y todos eran muy apreciados. Los bailes, las canciones y los cánticos lo llenaron todo y no dejaron espacio a nada que no fuese auténtico. Me sentí una más de esa familia, de esa comunidad. Me recordó a las comidas en casa de mis abuelos donde las mamás cocinaban, los mayores cantaban y los pequeños jugábamos. Las celebraciones eran un punto de unión y de reunión.

Mi vida en las últimas semanas en Mozambique se ha llenado de compañeros de camino, además de mi familia Khanimambo a mi casa en la playa han llegado nuevas voluntarias como yo con las que comparto mi día a día. Especial agradecimiento al destino por una de mis nuevas compis, mitad española y mitad mozambicana con la que he conectado desde el primer momento. Su historia es un precioso relato de amor y de encuentros, de diferentes orígenes y de una búsqueda personal. Una persona que es todo corazón y con la que me une ya una amistad de las verdaderas. He disfrutado enormemente de mi mes de soledad y ahora estoy disfrutando de mis semanas acompañada. Todo tiene su momento y este viaje es el mío en todos sus matices.

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