Into the Wild Africa

Into the Wild Africa

Travel

Sentada en un mokoro (barca tradicional en Botswana) observo los canales del delta y lo salvaje del entorno. Esto es realmente el África salvaje, naturaleza en estado puro adonde sólo puedes llegar guiada por locales y asumiendo ciertos riesgos. Los animales son los dueños de este lugar y nosotros somos sólo observadores que tienen que pasar desapercibidos. Tu seguridad nunca está asegurada. Vamos dos mokoros y cuatro personas, mi guía Stuart, la conductora del segundo mokoro Nomsa (si, también hay mujeres), el chef Temogo y yo. Conseguí un viaje para mí sola con un buen descuento al ser temporada baja para ellos. Mi objetivo es ver la mayor cantidad de vida animal que pueda y la suerte ha estado de mi parte.

Después de esta experiencia entiendo perfectamente los programas de Frank de la jungla y los vídeos susurrando para que veamos a los animales. En general en este estado salvaje el acercamiento a los animales es limitado, o bien salen corriendo al verte o puedes ser tú el que salgas corriendo si te ven. Las cebras y los antílopes son de los animales más tímidos que vi, pudimos acercarnos un poco hasta que nos percibieron. Algo muy divertido de las cebras al verte es que todas se giran a mirarte muy atentamente, inmóviles, y de repente salen corriendo como locas. Las cebras, los antílopes y los ñus son buenos amigos, vimos grupos de cebras con antílopes o ñus mezclados entre ellas ¡e incluso una vaca!. Adoptan en su manada a cualquier animal que no quiera matarlas. Buena filosofía. Ellas son el animal nacional de Botsuana en honor a uno de sus primeros presidentes que se casó con una mujer blanca viendo en las cebras y sus rayas bicolor un símbolo de la mezcla en el país. De hecho la bandera de Botsuana es azul (el cielo), blanca ( comunidad blanca) y negra (comunidad negra) representando un país que une a todas las comunidades. Bonito ¿eh?

En estos días he tenido más aventuras con animales que en toda mi vida y he aprendido cosas importantes sobre ellos:

  • Los cocodrilos que están en tierra no te atacarán sino les provocas. Yo casi me hice un selfie con uno. Sólo se sienten seguros en el agua, por lo que olvídate de nadar con ellos.

  • Los elefantes que se mueven en grupos son hembras con sus crías. Los machos se mueven solos y los más adultos son bastante civilizados con la gente. Los jóvenes, al contrario, te atacarán a la mínima de cambio porque aún no han sido educados. El elefante es el rey en este hábitat, ninguno de los otros animales representa una amenaza para él así que campa a sus anchas. En nuestro campamento nos vino a visitar uno durante un par de días y se mantuvo a cierta distancia porque no le gusta el olor a humanos. ¡Menos mal!

  • Los hipopótamos son los animales más agresivos de África, olvidaros del león y demás felinos. El hipopótamo siempre siempre te atacará. Es sorprendente la cantidad de personas que mueren por ataques de hipopótamos. La ultima noche tuvimos la visita de dos en el campamento. Lo único que puedes hacer es quedarte en tu tienda, muy quieto y rezar. Son activos por la noche así que salen de sus charcas a comer. Si estás en su camino y ese día no le molesta mucho el olor a humano se te complica el futuro.

  • Los búfalos se mueven con los ñus y son también bastante agresivos. Se esconden detrás de los arbustos así que al girar cualquier esquina te puedes encontrar con uno. Mi guía iba con mucho cuidado por su experiencia con ellos y aún así tuvimos que salir corriendo ante el ataque de uno de ellos.

  • Los más graciosos de los animales que vi son los pumbas, jabalís pequeños como el del Rey León que tienen el carácter tímido y asustadizo de las gacelas. Los dos saldrán corriendo sólo con darse cuenta de que andas cerca.

  • Los monos babuinos estaban concentrados en un grupo enorme que descubrimos en una de las llanuras. Son bastante inofensivos y no les gusta mezclarse con los humanos a pesar de ser primos.

  • Sin duda alguna mis favoritas son las Jirafas. Recorrimos casi 5 kilómetros andando en una de las islas del delta y finalmente conseguimos verlas. Qué impresión me dio, creo no lo olvidaré en mi vida. Era como si estuviese viendo a una animal prehistórico. Son enormes y preciosas, tan elegantes, tan gráciles. Al principio pensamos que sólo era una comiendo en los árboles de acacia pero luego vimos a todo un grupo que nos miraba. Salieron corriendo, parecía que iban a cámara lenta. Me impresionó tanto que sólo por ese momento todo el viaje a Botsuana tuvo sentido. Era muy tarde y habíamos caminado muchísimo, teníamos que irnos antes de que se hiciese noche. Yo no quería irme pero tampoco pasar la noche en aquella isla tan lejos del campamento. Cuando nos íbamos me giré y las vi mirándome, esperando allí paradas … Stuart bromeaba diciendo que se estaban despidiendo de mí.

 

El delta del Okavango es el delta interior más grande del mundo, son como 18000 km2 de superficie. Imaginad toda la vida animal que se desarrolla allí. Afortunadamente hace años que prohibieron la caza de cualquiera de sus animales y está penalizado con la pena de muerte.

Estos días me he sentido como en las novelas prehistóricas de Jean M. Auel. Observar a los animales en la distancia, predecir sus movimientos, seguir sus pasos, sus excrementos, los restos de sus comidas. Venir a estos lugares es como sentirse testigo de lo que nuestros antepasados vivieron y cómo convivieron con éxito con los animales.

Una tormenta en plena noche sin más abrigo que tu tienda, sentirte vulnerable en el medio de una naturaleza mucho más poderosa que tú, el contacto visual con animales que sólo conoces por libros y el descubrimiento del baobab, el árbol más bello que he visto. Con todo eso me quedo en la memoria para siempre.

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