Diario de Patagonia – Y seguimos …

Diario de Patagonia – Y seguimos …

Travel

Día 6 (martes 7 nov)

He pasado la mitad del día en un autobús. Me gusta viajar en bus porque es una buena manera de hacerse con el paisaje, la gente y su manera de vivir. El paisaje es maravilloso, incluso esos largos tramos de estepa patagónica en medio de la nada me resultan muy relajantes. Me permiten pensar en todo y en nada. De repente una gran idea o un recuerdo guardado en lo más profundo de mi memoria salen a la luz. Hoy he llegado a El Calafate, el pueblo desde donde salen los viajes al glaciar Perito Moreno. Mi intención era saltarme este pueblo y ver el glaciar desde otro punto pero finalmente o salía más caro o me resultaba más tiempo de viaje. El Calafate es un pueblo excesivamente turistico. El dinero que sacan de los turistas sería suficiente para que se arreglase el país, la inflación y todos los males que acosan a este país desde hace años. Si paseas por Calafate verás gran cantidad de buenas casas en construcción o ya construidas y coches importados carísimos. El pueblo en sí no tiene absolutamente nada de atractivo en mi opinión, más allá de estar cerca del glaciar. Y por eso viven del cuento, así con todas las letras. Viajar por Patagonia merece la pena por las maravillas naturales que hay pero su coste está muy por encima del presupuesto de un mochilero. Se mueven a precios europeos, y eso, señores míos, se llama ser un vampiro.

El hostel donde estoy me costó 10 eur la noche, todo un milagro en estas zonas. Me he acostumbrado a vivir con presupuesto reducido, comprar en el super en lugar de comer fuera, buscar los alojamientos baratos y con calidad decente, reducir lo innecesario de mi día a día y disfrutar de todo lo que me ofrecen los lugares a los que voy. Selecciono mucho las excursiones sabiendo que si invierto el dinero en eso otras opciones quedarán fuera de la mesa. Mi vida se ha vuelto más sencilla.

Hoy me invade la morriña, supongo que al moverme de un sitio a otro cada dos días el desarraigo se está notando. Extraño a mis afectos y su calor, y aunque os riáis os diré que extraño mi ropa. Quienes me conocéis sabéis que fue complejo decidirme por la ropa técnica necesaria a nivel práctico en este viaje. No es en absoluto mi estilo pero el fin justifica los medios. Toda mi ropa se seca fácil, es cómoda y ligera de llevar. Y no me identifica para nada. No había considerado que podía llegar a suponerme esta lucha interna.

En este camino que también es interno estoy aprendiendo muchas cosas sobre mí misma. Una de ellas es que necesito a mis afectos mucho más de lo que pensaba. Desde muy niña he sido independiente y he disfrutado de hacer cosas sola. En ciertos momentos caí en el error de pensar que no necesitaba la ayuda de nadie, que sóla podía hacer todo. Entendí con el tiempo que eso no era cierto y aprendí mis lecciones. De lo que no fui consciente hasta ahora era de cuanto apego emocional tengo por mis seres queridos, y cuánto los necesito cerca en mi vida.

Día 7 (miércoles 8 nov)

Cuando llegué a Perito Moreno y ví el glaciar valió la pena la parada en Calafate. No hay palabras para describir la inmensidad de una lengua de hielo en frente de ti. No es el mayor glaciar de los que hay en el Parque pero es el de más fácil acceso y el más explotado. Uno se siente tan pequeño al lado de la naturaleza en Patagonia. Te llena de sensaciones. Os dejo fotos que reflejan mejor que palabras.

Dia 8 (jueves 9 nov)

Mi intención era visitar hoy el Chaltén, mañana seguir mi camino hacia el norte y acampar en el Parque de los Alerces por tres días. Cosas de la vida y de la Patagonia la Ruta 40 está cortada hasta el sábado. He buscado todas las opciones para irme, forzando una salida aunque fuesen muchas más horas de bus o más dinero. Me dí cuenta de que estaba forzando la situación, que era mejor aceptar el cambio de planes y disfrutarlo. Y lo disfruté muchísimo.

Mi host en El Chaltén se llama Leandro, es un guía de montaña super buena onda y un tío muy noble. Sus amigos son también increibles, me han acogido como una más en el grupo y me han recibido con una noche de pizza casera, buena conversación y muchas risas.

No sé cómo he llegado hasta este pueblo, no estaba en mi ruta inicial y siguiendo las recomedaciones de Rodri, el guía que conocí en Ushuaia, decidí parar un día simplemente para conocerlo un poco. Esto es la capital nacional del montañismo, la escalada y el trekking. Aquí llega gente de todo el mundo para escalar el Fitz Roy, el Cerro Torre (los que menos ya que es uno de los más difíciles del mundo) y demás picos. El ambiente es super hippie, muy relajado, realmente especial. El Chaltén es un sitio en el que desde el principio notas una energía diferente a las demás. Es como un oasis en el medio de la estepa patagónica. Un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce y viven super relajados. Su vida es escalar, trabajar con el turismo y pasar tiempo entre amigos. No es mala vida, eh?

La ruta (8 km) caminando me llevó a la Laguna Capri y a varios miradores. Esperaba ver más paisaje de estepa patagónica en la montaña y por sorpresa encontré bosques densos y espectaculares. Fue una caminata que me encantó, las fotos hablan por si solas.

Dia 9 (viernes 10 nov)

Anoche tuve una de las noches más divertidas desde que estoy viajando. Juntarse con Leandro y sus amigos es sinónimo de cocinar ricas pizzas, asados o choripanes acompañados de mucha cerveza. Y tanta fue la cerveza anoche que no hubo quien me levantase para ir a caminar los senderos de la montaña como tenía planeado. El viento era fuerte además. Lo dejo para mañana, antes de coger el bus de la noche hacia Esquel.

Dia 10 (sábado 11 nov)

Hoy sí que sí, he hecho la caminata a la laguna Torre, han sido 20 km ida y vuelta mejorando la estimación en tiempo, 5 horas en un terreno bastante irregular. Me siento satisfecha, No me ha acobardado el hecho de que lloviese y de hecho finalmente fue poca lluvia. Caminar en la montaña es algo muy parecido a la meditación. A mi mente llegan mil pensamientos que se la llevan a otros planetas, la vuelvo a recuperar y la traigo al momento que vivo, y así continuamente. Es un ejercicio que me ha encantado. La próxima vez probaré la escalada, quizás sea algo que me sorprenda.

De nuevo en bus hasta mi nuevo destino, Esquel. Casi 1200 km por delante hacia el norte. No me importa, por primera vez pruebo un bus-cama. No he ido en ningún bus tan cómodo en ningún otro sitio del mundo. 8 horas de buen sueño, lo prometo. Y luego, mi querida estepa patagónica.

Dia 11 (domingo 12 nov)

Llego a Esquel por la tarde después de más de 20 horas de viaje. Y no me siento tan cansada como preveía. Martín y Mercedes vienen a buscarme a la estación, Martín es mi host y tanto él como sus amigos son un encanto. Me llevan a ver un lago cercano, me invitan a cenar milanesas y charlamos mucho sobre la vida y los viajes.

Dia 12 (lunes 13 nov)

Día de descanso conociendo Esquel y Trevelin. Pequeñas ciudades de la Patagonia, más locales que los sitios turísticos que he visto hasta ahora. Todas ellas tienen en común la naturaleza que las rodea, como pintada en un cuadro en su perfección.

Esta tarde marcho a Bariloche, la ciudad más grande que he visto en Patagonia, para finalizar el recorrido viendo los 7 lagos que la rodean, y los pueblos de Villa La Angostura y San Martín de los Andes.

De nuevo en el autobús, esta vez no tan cómoda con mi vecino de delante estirado al máximo, arranco motores hacia el norte de nuevo. Llego a Bariloche casi a media noche y cojo un taxi al hostel, hay dinero que está bien invertido como el de la seguridad cuando no conoces una ciudad. Me empiezo a concienzar de que tanto Argentina como Chile son países muy europeizados y que cuando comience Bolivia, Perú y Ecuador me encontraré con maravillosas tradiciones arraigadas y auténticas al mismo tiempo que más inseguridad y caos. Simplemente necesito estar preparada para ello. Creo que será una vuelta a la vida en comunidad que viví en África en cierto modo.

Dia 13 (martes 14 nov)

Un día, 7 lagos y dos pueblitos. La naturaleza aquí me tiene maravillada, hay rincones de película donde se podría rodar una peli, o dos. Villa La Angostura y San Martín de los Andes son lugares bonitos y muy turísticos, orientados 100% a satisfacer una experiencia a los visitantes. En mi opinión eso les quita el alma que cada lugar tiene. No soy una persona de lugares turisticos, prefiero que la esencia se mantenga y que sea el visitante el que necesite adaptarse a ello para vivir la experiencia. Demasiada globalización nos compra el alma.

Día 14 (miércoles 15 nov)

Hoy me voy de Patagonia, me espera un viaje interesante e intenso de Bariloche a Santiago de Chile. De nuevo bus-cama y mucho paisaje. Me encanta. No lo cambiaría por un avión. Tengo tiempo y hambre de conocer los paisajes de esta parte del mundo. ¿No es un lujo sentarse a observar un país desde la ventana en un asiento mullido donde nadie te molesta? Me recuerda a mis viajes desde Ferrol a Cádiz con mis padres camino a ver a mi hermana y a mis sobrinos para pasar las vacaciones juntos. Ese camino ya lo conozco, lo hice muchas veces, este es completamente nuevo. Quiero grabarlo en mi retina.

Patagonia me ha dejado imágenes que no se irán más de mi cabeza, naturaleza salvaje y llena de energía antigua de primeros pobladores. Esta tierra les fue arrebatada por la fuerza cuando ellos estaban dispuestos a compartirla. Las colonizaciones de nuevo dejaron una huella negra. No vale de nada pensar cómo hubiera sido si en lugar de invadir se tratase de compartir. Era una época de ansias ciegas de poder en Europa y sus consecuencias llegan todavía hoy sobretodo a la parte sur de este planeta. La pregunta es ¿qué podemos hacer hoy? La respuesta en mi opinión, aprender a vivir juntos y a respetarnos de verdad. Y eso aquí significa darle su lugar a las comunidades originarias y a todos sus descendientes. Veo que descender de europeos se considera un orgullo, el mismo orgullo es descender de los primeros pobladores de estas tierras. Cuando entendamos que el respeto y el amor son las únicas armas con las que luchar entenderemos finalmente la vida.

Me encuentro bien, parece que hace casi un año que me fui y ni llega a los dos meses y medio. Los días pasan mucho más lentos cuando lo vives intensamente. Quizás esa sea la clave para ralentizar el tiempo, vivir más intensamente y no entregarse a la rutina.

¡Os veo en Santiago de Chile!

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