Primeras citas con Perú

Primeras citas con Perú

Travel

El primer pie que puse en Perú fue en la frontera que hace con Bolivia, en Copacabana. El lago Titicaca fue el marco de este encuentro entre la tierra peruana y mis pies. Las fronteras en este lado del mundo son más oficiales que reales y os explico por qué. La gente, las costumbres, las ropas, los colores, las frutas y verduras, la comida, los animales, y podría seguir … no cambian cuando pasas la frontera. Esas comunidades fueron una sola durante muchos siglos. Los gobiernos ponen fronteras, franjas por las que se pelean las altas esferas y que finalmente se ceden a quien más poder económico/político tiene sin si quiera pensar en la vida de la gente que las puebla. Pues bien, soy testigo de ello desde el norte de Argentina, norte de Chile y sur de Bolivia (y antes también en África). Ellos son una sola comunidad con etiquetas diferentes en sus documentos de identidad. Lo mismo ocurre con Bolivia y el sur de Perú, hermanos de sangre de padres divorciados viviendo en diferentes casas.

Puno, mi primera ciudad peruana, es una pequeña ciudad un tanto caótica, de edificios a medio contruir o a medio destruir depende de como se mire. En su centro histórico de nuevo bellos edificios coloniales y plazas que cuidan muy bien y difrutan mejor. De nuevo se ve a la gente concentrada en las plazas, charlando en los bancos … siendo ni más ni menos que una comunidad. Y ese era el objetivo de las plazas cuando se construyeron, aunque ahora en nuestras ciudades las tengamos prácticamente vacías.

En Puno mi objetivo es visitar el Lago Titicaca. Descubro que casi todo es un gran espectáculo turístico, por suerto sigue habiendo ciertos sitios que conservan su esencia pese a todo. Visito las islas flotantes de Uros, una comunidad pre-Inca, sus ancestros y con mucha seguridad viniendo de Bolivia. Los Uros son islas flotantes hechas por estas comunidades y cada una de esas islas está autogovernada. Cuando llego allí con el Tour que me lleva tengo la impresión de que esa gente ya no vive ni con la mitad de las tradiciones que nos cuenta sino que es bonito contárselo al turista para recibir su dinero. Detrás de las casas veo la vida moderna que realmente llevan, los aparatos, las comidas, …. La segunda isla, Taquile, posee todavía toda su esencia. Allí la gente vive con sus tradiciones sin demasiadas interferencias del mundo externo moderno. Sus tejidos son bellísimos, su organización es justa y ancestral, la comida viene de la pesca. Viven con gran aportación del turismo pero no lo han hecho una pantomima y ponen unos límites claros para preservar su estilo de vida. Ellos no se adaptan al turista sino el turista a ellos.

Islas Uros

Isla Taquile

Isla Taquile

Mi siguiente ciudad peruana, Arequipa, es la ciudad blanca de Perú. Casi un millón de habitantes. Me quedo en la casa de una pareja mayor, Adela y Manuel. Sus hijos ya se fueron de casa y ellos alquilan sus habitaciones por airbnb. Les encanta charlar y te tratan con muchísima calidez. Es una casa muy humilde, viejita y en una zona un poco alejada del centro. Yo me siento en casa allí. Tengo mi habitación, tranquila y práctica donde descanso de maravilla. Estos días mi cansancio ha aumentado. Realmente necesito parar un tiempo, el viaje moviéndome continuamente me resta mucha energía y necesito recargarla.

En Arequipa voy a un tour del que me habló un chico en Puno. Se llama Free Walking Tour y lo hacen en varias ciudades de Perú. No hay un precio sino que tú das la propina que consideras justa. Es una manera genial de conocer la ciudad. Somos un grupo de 15 personas y el tour es muy interesante, conocemos rincones de la ciudad que son más locales, el chico nos lleva incluso a ver llamas y alpacas a un museo acerca de los hilos y las lanas locales. En el tour conozco a varias personas y sin duda una con la que conecto desde el primer momento. Lena es una chica de Colonia, Alemania, empezamos a hablar nada más empezar el tour. Su español es buenísimo, ha vivido un tiempo en Venezuela y terminamos comiendo juntas. Conectamos tanto que nos pasamos la tarde charlando y paseando por Arequipa. Es algo mágico conocer a alguien como Lena. Tengo la impresión de conocerla desde hace mucho tiempo y de estar hablando con una amiga. Por esto merece la pena conocer el mundo, porque en el recorrido conoces a personas que marcan tu vida y que se quedan. Y creo que Lena es una de ellas. Tengo la seguridad de que esta amistad durará mucho tiempo. Ella me recomienda un lugar muy especial cerca de Cuzco, mi siguiente destino. Es un lugar en el valle sagrado cerca de Machu Picchu y con una energía muy especial para descansar. Me suena justo como lo que necesito y pienso inmediatamente en cambiar mis planes de ir a Lima cuatro días por quedarme allí, en Pisac. Es un coste extra pero realmente necesario en estos momentos. Tengo una mezcla de sentimientos, la Navidad me hace pensar mucho en mi familia y en mis amigos. Me encantaría poder verlos, darles un abrazo y sentir su calor. El viaje es magnífico y también hay momentos duros. Después de más de 3 meses realmente necesito renovar energías.

Después de un par de días en Arequipa, llega el turno de Cusco. Se trata de una ciudad super colonial llena de vida, de turistas, de paquetes de tours y de gente que te vende de todo por la calle. Llegan a ser bastante agobiantes, como en cualquier lugar en el que el turismo masivo ha arrasado con cualquier pudor. La ciudad es interesante y me siento cómoda. El airbnb que he reservado es super cómodo, muy limpio y mi propia habitación con una cama enorme. Dios mío, los ojos se me salían cuando ví lo grande y cómoda que era. Sí, me he reducido a los pequeños placeres de la vida. Dormir bien es uno de ellos.

Analizo las opciones que tengo en Cusco para estos tres días y decido guardar mi dinero para los siguientes destinos, que falta me hará. Aquí mis objetivos son dos: visitar Machu Picchu (por lo que ya he pagado una pasta) y descansar en Pisac (lo que supone un gasto extra). Con esto en mente disfruto de todo lo gratuito que Cusco tiene para ofrecerme. Paseo por los mercados, las calles de piedra, me siento en los bancos de las plazas a observar a la gente, voy a los museos gratuitos que encuentro. Cusco es blanco, azul y piedra. Esa combinación le queda bien y resalta las montañas de alrededor. Voy en busca de los retaurantes con buena calidad-precio, sobretodo precio. Perú no está resultando tan barato como esperaba. En Bolivia me malacostumbré a comer rico, rebosante y reducido de precio. La invasión turística rompe ese estado ideal para un amante de la comida local. Por eso Bolivia es perfecta, porque no ha sido invadida … todavía.

Ya estoy en el tercer día, Cuzco me ha dado un respiro y estos días me los he tomado con calma. Una de las grandes lecciones que estoy aprendiendo sobre mí misma en el viaje es la escucha interna. Me he pasado casi toda la vida obviando mis necesidades, haciendo caso omiso de lo que mi cuerpo y mi mente necesitaban. Las señales y las alertas siempre han estado ahí. Ahora las escucho. Tengo mucho tiempo para reflexionar sobre tantas cosas. No me enredo en el pasado, sólo elijo recordar lo bueno y lo estoy consiguiendo. Me centro mucho en el presente y de vez en cuando en el futuro. Proyecto también mis deseos, los que nacen de este viaje y los que ya estaban si se confirman.

Mañana me voy rumbo a Aguas Calientes, el pueblo donde dormiré antes de subir a Machu Picchu. Estoy nerviosa y emocionada. No sé lo que espero. Creo que más que visiones concretas, espero energía y más que paisajes anhelo sensaciones. Ayer me contaron que hay una historia que dice que los Inkas predijeron que serían invadidos, y tiempo antes de que ocurriese llevaron a una parte de su pueblo a las montañas y los escondieron allí. También predijeron que 500 años más tarde que eso pasase revelarían su existencia. Justo en esa fecha es cuando se descubrió Machu Picchu. Un profesor de historia estadounidense, Hiram Bingham, lo descubrió en 1911 de la mano de un niño local. Real o Leyenda en dos días os contaré mis impresiones … Machu Picchu me está esperando.

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