Soles y Colores

Soles y Colores

Travel

David me recogió en el aeropuerto de Lima y me llevó a casa de mi amigo Alvaro, al que visité sólo hace un mes en su casa de Santiago. Ahora nos encontramos en su tierra y cómo no, ¡me lleva a comer ceviche! Pienso en qué suerte tengo de encontrarme con gente tan linda. Montse ha encontrado en este maravilloso peruano a su compañero de vida y yo a un amigo de los que guardas en tu corazón con el mayor cariño. Alvaro es la única persona en el mundo que me llama “flaca”, y me divierte muchísimo. Sólo tengo unas horas en Lima y las aprovecho comiendo y charlando. Qué bien entra un ceviche rico entre vuelo y vuelo.

Los tres días anteriores los he pasado en un hotel de Pisac, recomendación de mi amiga Lena, descansando y bajando el ritmo frenético en el que estaba inmersa. Pisac fue un remanso de paz, en el hotel que Lena me recomendó conocí a Dianne Dunn, la mujer que creó este lugar con una magia particular. Dianne tiene una historia muy bonita que os recomiendo leer. Ella llegó a Pisac guiada por maestros que salieron a su encuentro y creó un lugar de reposo y de encuentro con los demás y con uno mismo. Es una gran conocedora de las energías andinas y de la madre tierra entre otras cosas. Cuando llegué a Pisac sólo pensaba en descansar. Mi primer impulso fue quitarme los zapatos y caminar descalza, algo que mi amigo Harun en Estambul me había recomendado justo un año atrás. ¿Coincidencia? No soy una persona de las que se descalzan normalmente, ni siquiera en casa. Siempre me he sentido más reconfortada con calcetines. Pues Pisac me provocó la necesidad de estar descalza en el jardin, de tocar la tierra con mis pies, y con mis manos, de tumbarme en la herba. Prometo solemnemente que nadie me dijo nada al respecto que fuese a condicionar mi comportamiento. Ese fue el impacto inmediato del valle sagrado sobre mi. Fueron unos dias en los que disfruté mucho sola, y también con algunos actos sociales. El ritual del solsticio de verano fue el cierre la última noche. Conocí a mucha gente de fuera que llegaba a Pisac o que vivía allí. Fernando, un español que lleva allí tres años disribuyendo agua purificada, me habló de las maravillas de las culturas andinas pre-incas y de sus tradiciones, medicinas antiguas y rituales en honor a la naturaleza, la madre de todos nosotros. Un mundo que merece mucho ser explorado.

De Lima mi vuelo me llevó a la jungla peruana, al río Amazonas en Iquitos. Tremenda ciudad, la más grande del mundo sin conexión terrestre, sólo se puede acceder por avión o barco. Iquitos es una mezcla de estilos conocidos para mí, muy poco a lo peruano. Los mototaxis la hacen un poco Bangladesh, la suciedad un tanto India y la humedad como Hong Kong. Allí pasé mi Nochebuena rodeada de buena gente y rica comida compartida con el corazón. Y allí pasé mi Navidad navegando el Amazonas y visitando la selva peruana. Mi primera Navidad en verano y mi primera navidad lejos de mi familia. Allí conocí a muchos viajeros increíbles. En concreto me encantó una pareja de una japonesa y un australiano espectaculares, los dos viajeros incansables y preparados para establecerse en Japón a formar su familia y su hostel para viajeros en un pequeño pueblo. Y mi promesa de ir a visitarlos es en firme. Esta es la magia de viajar, te abres a posibilidades infinitas.

De vuelta a Lima para finalizar mi aventura peruana mi última noche resultó ser muy aventurada, y un tanto arriesgada. Llegué tarde en mi vuelo de Iquitos, mi fiel amigo taxista David vino a buscarme y todavía hoy doy gracias de que así fuese. Me llevo a mi alojamiento de airbnb, donde ya había avisado de que llegaría tarde. Nadie nos abrió por mucho que llamamos, gritamos y petamos. Estaba literalmente en la calle, en Lima, a las 2 de la mañana. David se quedó conmigo y me llevó uno por uno a 5 o 6 hostales diferentes. Ninguno tenía sitio. Llegamos al hotel de un amigo suyo donde me alojaron por 50 usd la noche (yo venía pagando menos de 15 usd). En ese momento habría aceptado cualquier cosa. Le agradecí a David su protección y cuidado y subí a mi habitación. Lo que me dieron era un antro destartalado, sucio y viejo, sin luz en las mesillas ni baño, y con una colcha que hacía decenios que estaba allí. Mi cuello estaba paralizado por una contractura y mi alma no se animaba a meterse en esas sábanas amarillentas. Sólo me quedaba una opción, lo que me salva el sueño y el descanso en estos momentos: mi saco de dormir. En él me acurruqué y allí me quedé dormida, en la seguridad de su limpieza.

Con todo y eso puedo decir que la aventura peruana ha sido una de las más intensas. Perú me ha ofrecido una visión totalmente diferente a la que tenía. Es un país lleno de matices y con una fortísima y maravillosa cultura andina.

De Perú me llevo:

El amanecer en Machupicchu, rodeada por la niebla espesa y la historia antigua

El atardecer en el río Amazonas el día de Navidad

La receta es difícil elegir entre tantísima riqueza culinaria de este país. Os daré las fotos de los platos más ricos que he probado y … la receta del Pisco Sour más rico, el de mi amigo Alvaro.

Anticuchos (brocheta) de trucha del lago Titicaca (Puno)

Lomo saltado (Arequipa)

Solterito de queso (Arequipa)

Queso helado (Arequipa)

Ceviche (Lima)

Causa Limeña (Pisac)

Cecina con bolas de platano frito (Iquitos)

Chicha morada (Cusco). Mi bebida favorita en Perú, hecha con maíz morado.

La receta del Pisco Sour de Alvaro: Se usa la misma medida de Lima y de Jarabe de goma con 2 medidas de Pisco. Media clara de huevo. Hielo. Se licúa todo y listo para el Pisco!

La superstición, en Perú como buena cultura andina seguimos los pasos de la Pachamama, la madre tierra que nos protege. Uno de los rituales cuando tienes algún problema o miedo o frustración que le quieres contar es acostarte panza abajo poner las manos en forma de triangulo sobre el suelo en un hueco y contárselo a la Pachamama. Cuando termines pones la oreja y esperas a su mensaje.

Otro ritual, durante el Solsticio del 21 de Diciembre se enciende una hoguera en la que se ofrecen a la Pachamama hojas de coca agradeciéndole su bondad y pidiéndole ayuda para el nuevo ciclo, la nueva etapa que empieza.

Perú es la zona donde quizás he sentido más potente el respeto y admiración por la madre tierra. Como os conté anteriormente, ellos toman al sol como su padre, la luna como su madre, las estrellas como hermanos, los elementos naturales y todo lo que los rodea son de una importancia enorme en su cultura. Son conscientes de que dañar a la Naturaleza es dañarse a ellos mismos.

La pulsera, hecha por las mujeres de la Isla de Taquile en el lago Titicaca.

Realmente en Perú he visto más maravillas del mundo que en ningún otro sitio. El Lago Titicaca, Machupicchu, el río Amazonas… ¿Sabéis por qué se llama Río Amazonas? Pues porque un español de apellido Orellana lo descubrió navegando navegando y allí se topó con unas habitantes, una tribu de mujeres que dice su crónica medían dos metros y se “rebelaron” a él. Se hacían llamar la tribu de las Amazonas, y todas murieron a manos del señor español … Ahí lo dejo para seguir reflexionando.

Os escribo desde el aeropuerto de Lima, son las 22h de la noche y después de la noche anterior de aventura realmente espero poder dormir a gusto en una cama limpia en Quito. Rezo porque esta noche todo salga bien. Mi vuelo ya está retrasado. Sigo confiando en los milagros. Viajar es maravilloso e ideal en las fotos, en la realidad hay montones de momentos de diversos colores y matices. Los sobresaltos te ayudan a curtirte, aprendes lo que significa la templanza, aprendes a rendirte a la realidad y no luchar guerras que te resten energía. Eliges tus batallas y disfrutas todos los momentos, por bizarros e incómodos que parezcan. Y merece la pena, todas las incomodidades tienen su recompensa por descubrir el mundo.

Nos vemos en tierras ecuatorianas, ¡allí comenzaré el Nuevo Año!

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