En la Mitad del Mundo

En la Mitad del Mundo

Travel

Ecuador me ha robado el corazón, ha sido amor a primera vista, a la luz del día claro, porque la primera noche no prometía tanta positividad … Fue una serie de desventuras las que me llevaron a llegar a las 2 de la mañana a un alojamiento de Airbnb con un un host flexible con el horario a la par que desastroso con la limpieza y el orden. Me encontré en una casa vieja, sucia y con un olor terrible. Las sábanas de mi cama no invitaban a un sueño reparador. De nuevo mi mejor amigo, mi saco de dormir, me salvó la noche como pudo. No os podría llegar a describir el baño y la cocina, solo sé que cuando entré al primero pensé “¿cómo me voy a duchar aquí?”. A la mañana siguiente recordé a mi amiga Cecilia diciéndome al oído una de sus más famosas frases: “¡Recoge tus bragas y vete de aquí!”. Y así fue, arreglé mis cosas de nuevo, busqué otro alojamiento para las dos siguientes noches y me fui con viento fresco de allí.

A pesar de esa primera noche accidentada todo lo que vi de Quito desde el primer pie que puse en la calle fue belleza, en sus calles y en su gente. Os confieso que Ecuador es el país donde he visto hombres más guapos desde que estoy en Sudamérica. Los ecuatorianos sean mestizos o indígenas tienen un encanto particular. O quizás será que muchos llevan el pelo largo … quien sabe.

Quito es la ciudad más bonita, limpia y organizada que he visto en Sudamérica, así lo digo sin tapujos. Venía con una idea muy diferente. La ciudad es una maravilla arquitectónica, sus edificios coloniales son asombrosos y súper bien cuidados. Al mismo tiempo es una ciudad moderna, tranquila y con gente muy educada.

Llegué a casa de Gloria después de mi primera noche y fue todo un premio. Una casa limpia, una habitación cómoda y una ecuatoriana llena de cariño y de energía. No podía pedir más. Hice de su casa mi base y de allí me moví a conocer Quito y sus alrededores. Otavalo con su mercado de artesanía y su cascada y la Mitad del Mundo. Otro gran amigo en mi aventura en Quito fue John, un ecuatoriano súper inteligente y divertido que tomó la valiente decisión de cambiar su vida de publicista a lo que siempre había soñado, la música. El mundo está lleno de ejemplos de gente que se atreve a ser auténtico y honesto consigo mismo. John fue mi guía en la mitad del mundo y creo que será un amigo para siempre.

Mi Fin de Año transcurrió pasado por mucha agua, tormenta tropical en la selva, en la Amazonía ecuatoriana. La ciudad de Tena, puerta a la selva, como telón de fondo. Allí pasé un fin de año muy diferente, acompañada de los míos a través de Internet y observando la fuerte lluvia sobre el río y la vegetación amazónica. Fue un tiempo íntimo, diferente y de mucha reflexión. Dos días más tarde tomaba rumbo a una comunidad Kichwa en plena selva para convivir con ellos y aprender de su cultura.

Los kichwa son gente sencilla y rural. Sus tradiciones son ancestrales, hablamos de miles de años. Ahora todo se ha modernizado mucho con la influencia de las ciudades y las otras culturas. Con tristeza me lo contaba Flavio, el padre de familia, las tradiciones se están perdiendo. Y yo pienso que en realidad esto viene dado en gran parte por un estilo de vida occidental que ahora quieren las nuevas generaciones. Lo aprenden con la televisión, el “mal” cine de Hollywood y el adoctrinamiento. Incluso su lengua se está perdiendo. Por supuesto ni que decir tiene que la colonización jugó un papel fundamental en este desastre y pérdida cultural. De nuevo la vergüenza viene a mí. Rosa, la mujer de Flavio, y sus hijas me trataron de lujo. Ellas son mucho más tímidas que los hombres y demuestran el amor de otra manera, con unas maravillosas comidas y un afecto sutil. Me sentí como en casa. Su hijo Rurik fue el que me enseñó todo alrededor, los árboles y plantas medicinales, las cascadas, los animales,… Vivir como ellos es tener el supermercado debajo de casa, arboles frutales exóticos, bananas, cacao, café, setas, yuca, … todo de la naturaleza. Las plantas medicinales de la zona son de enorme variedad y para todo tipo de enfermedades. Me parecía estar escuchando a mi hermana decir “yo quiero estar ahí!”. Una de las noches preparamos Ayahuasca, un árbol cuyo extracto tiene efectos alucinógenos y que los chamanes utilizan para conectarse con el más allá. Flavio procede de una familia de tradición chamánica y él fue quien se tomó el líquido e hizo sobre mi una limpieza. Era noche cerrada, los cánticos y las hojas sobre mi cuerpo y mi cabeza se alargaron durante mucho tiempo. Sólo estaba allí sentada mientras Flavio cantaba y me limpiaba con el ramo de hojas pero recuerdo muchas sensaciones y mucho cansancio. Cuando terminó me dijo que mi viaje sería largo y bueno, que mi cuerpo estaba limpio ahora y que me fuera a acostar. No sabéis lo cansada que me fui, a la mañana siguiente me sentí renacer. Eran las seis de la mañana, los animales de la selva me habían acunado toda la noche en un sueño profundo y Rosa me había preparado un desayuno delicioso con banana, tortitas y huevos además del tradicional y energizante té de guayusa.

Me fui con pena de la selva, y me voy de Ecuador con la seguridad de volver, sin poder explicarlo sé que volveré. Esta tierra me inspira algo tan maravilloso, y hay tantos lugares que quiero conocer de aquí, la costa uno de ellos. Os recomiendo descubrirla si buscáis un destino diferente y versátil. No os arrepentiréis. Ecuador no deja indiferente.

De este lindo país me llevo:

El amanecer del primer día en Quito, emocionada al descubrir una ciudad que desprendía buena energía.

El atardecer en la Amazonía, en la casa de Rosa y Flavio, junto al fuego y escuchando los animales afuera.

La receta, plato de la Amazonía con yuca frita, palmitos y cacao blanco tostado.

La superstición, cuando los chamanes toman Ayahuasca para conectarse con los espíritus dicen estos vienen a darles mensajes por medio de animales que se les aparecen, como el jaguar. Necesitan abrir su mente y dejar que les hablen. Ese será el mensaje del otro mundo.

La pulsera, hecha por Rosa, la mamá de la familia Kichwa con semillas de una planta amazónica llamada achira

Hay lugares que conquistan tu corazón sin poder explicar muy bien el por qué. Es como con las personas, a veces hay una conexión inmediata, un cruce de energías. Eso me ha pasado con Ecuador. Nuestras energías se han cruzado y han creado una explosión de sentimientos.

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