El tiempo entre Cafetales

El tiempo entre Cafetales

Travel

Treinta y dos horas después de salir de Quito dí con mis huesos en la ciudad de Bogotá. Sabía lo que me esperaba cuando compré mi billete de bus, lo que no sabía es que el grupo de colombianos me adoptaría como una más en el viaje para hacer bromas, guardarnos el sitio en las largas colas de inmigración y cuidarme como a una hija o una amiga. Los colombianos son puro latino, puro corazón, pura música y pura simpatía.

Bogotá es una ciudad inmensa. me alojé en La Candelaria, el barrio más pintoresco (y seguro). Las calles están llenas del bullicio de los bares, los turistas, las tiendas y los museos. La primera cosa que hice fue irme directa a una lavandería, imaginad 32 horas en un bus lleno de gente. La humanidad y su olor te abofetea cada vez que sales y entras. Necesitaba limpieza en mi cuerpo y en mi ropa para dormir a gusto. Al día siguiente desayuné en la terraza del hostel viendo a la ciudad despertarse, preciosa sensación. Me dispuse a subir el cerro de Montserrate y preparada con mi mapa en el móvil me puse a caminar. Después de unos 40 minutos llegué a una zona que me pareció un poco sospechosa, en mi intuición saltó una alarma … ¿estaría en el camino correcto? Sólo tuve que preguntarles a un par de policías en una esquina y ver su cara de asombro al verme para saber que debía haberme equivocado. Su expresión decía “¿qué estás haciendo aquí?” y sus palabras fueron “Señorita, no es seguro que esté aquí, está en una de las zonas rojas de Bogotá”. No pude hacer otra cosa que reírme, de mi misma claro. Salí de allí lo mejor que pude y me fui a subir el cerro y explorar la ciudad.

 

Mi vuelo al día siguiente me llevó a Medellín, fue un vuelo casi eterno, con un retraso de tres horas. Para cuando llegué a Medellín tuve el tiempo justo para darme una vuelta por el centro, ver las maravillosas estatuas de Botero y comprar algo para cenar. Luego la noche cayó sobre la ciudad de Pablo Escobar. Medellín se ha esforzado mucho por acabar con la fama de ciudad de narcotráfico y convertirse en un lugar más tranquilo, seguro y comunicado con la única red de metro del país. Estuve poco tiempo en la ciudad, preferí visitar Guatape, un pequeño y súper colorido pueblo al norte. Su historia es graciosa, hace muchos años decidieron poner zócalos en las partes bajas de los edificios para protegerlos. Uno de los alcaldes comenzó con la idea de las decoraciones y hoy es uno de los pueblos que más fama tiene y más te recomiendan cuando vienes a Medellín. Vamos, se han forrado con las manualidades.

 

 

Venir a Colombia en mi opinión es venir a tomar café, y/o a ver los cafetales. No me apetecía hacer típico tour de gringo por el que cobran una pasta. Mi presupuesto tampoco me lo permitía. Así que decidí alojarme en una Finca cafetera hecha hostel por tres días y fue una gran decisión. Abajo veis el por qué. Sentí la vida rodeada de plantas de café, de sol colombiano, de olor a campo. Y me relajé tanto … incluso lloviendo la vista desde las hamacas es una maravilla… El pueblo más cercano, Filandia, es como de telenovela. Los sombreros y las mantas de los hombres son auténticas, pura Colombia. La gente es de pico rápido y meloso. Las conversaciones se abren con cualquiera en la calle, son bien lindos estos colombianos.

 

 

Mis últimos días en Colombia los disfruté con mi amiga Gloria. Nos conocimos en Perú, en el tren a Machupicchu, y conectamos inmediatamente. De ahí vino su invitación a pasar unos días en su casa en mi visita a Colombia. Y ahí nos vimos, en el Santuario, un pueblo cerca de Medellín. Llegué un día de muchísima lluvia, Gloria me esperaba en su casa con aguapanela caliente aderezada con un chorrito de alcohol como aliño. Qué delicioso recibimiento. Fueron días en los que me sentí en casa como con mi hermana, charlando de todo como con una amiga de mucho tiempo. Mi primera experiencia en parapente también se la debo a ella. Ese salto al vacío me dio menos miedo de lo que me imaginaba. Será porque ya salté al vacío el 1 de septiembre y, después del shock inicial lo sigo disfrutando.

 

 

Siento que me falta ver mucho de Colombia, tanto que merecería un viaje a parte. Mi primera experiencia me ha sorprendido y me ha dado ganas de más:

 

El amanecer en el bus de Quito a Bogotá, la luz de la mañana bañaba la zona de cafetales y mi cara de asombro luchaba con el mareo de una carretera en costura zig-zag. El maravilloso momento de la primera impresión, el primer descubrimiento.

El atardecer en una hamaca, después de un baño en la piscina de una finca cafetera. Sentirse como Pablo Escobar con Colombia a tus pies.

La receta, Bandeja Paisa, prácticamente el plato nacional.

Ingredientes

¿Qué Ingredientes necesitamos para preparar una Bandeja Paisa?

  • Cuatro huevos

  • Dos chorizos para freír, a ser posible chorizos antioqueños

  • Arroz, 300 gramos aprox

  • Un Aguacate

  • Un plátano

  • Un tomate rojo en rodajas

  • Frijoles guisados, 200 gramos aprox

  • Carne picada, 400 gramos aprox

  • Panceta, 400 gramos aprox. Conviene que esté cortada en trozos gruesos

  • Sal, pimienta y aceite de oliva

En primer lugar debemos poner a cocinar el arroz con agua hirviendo en una olla

  1. Freímos en una sartén la carne, la panceta y el chorizo, condimentamos con sal y pimienta al gusto.

  2. Cortamos el plátano en cinco o seis trozos y lo freímos en una sartén

  3. Freímos los huevos en una sartén, puede ser la misma que hemos utilizado para el plátano.

  4. Calentamos los frijoles en el microondas, en un horno, o si lo preferimos podemos freírlos en la sartén.

  5. Cortamos el aguacate en trozos grandes

  6. Juntamos todos los ingredientes cocinados en el mismo plato o bandeja.

    Y lista la Bandeja Paisa!

 

La superstición, Colombia es el hogar de algunas de las mariposas más bellas del mundo, pero hay una variedad en particular que es grande, de color marrón o negra y que les da mucho miedo a los colombianos supersticiosos. Ver una mariposa oscura, por lo general una polilla, en una casa quiere decir que alguien cercano a la familia morirá.

La pulsera, un fino hilo con dos piedras lapislázuli en tributo al talismán que me acompaña para darme fuerza este 2018.

 

Colombia se metió en mi viaje a posteriori. La decisión me vino debido al gran número de viajeros que en el recorrido hacia aquí me aconsejaron no pasar de largo. Lo he dicho a lo largo de todos mis viajes en Sudamérica, el atractivo más bello de estas tierras es el alma fuerte, alegre y generosa de su gente. A cualquiera que venga a Colombia le embargará un sentimiento de comunidad, de fiesta, de buen humor y de amabilidad, además del olor al café más rico de esta parte del mundo. Y con espumita, como le gusta a mi hermano.

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