Conexión Hawai

Conexión Hawai

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Los paraísos absolutos no existen, como todo lo que queremos estandarizar, se cae por su propio peso. Hay tantos paraísos como personas y muy pocos coinciden con su concepto.

Hawai es uno de esos paraísos llamados “absolutos”. Y si bien es cierto que es una tierra con una energía fuerte e intensa donde el tiempo parece haberse detenido, también posee todos los “pecados” americanos: cadenas de Fast Food, carteles de prohibido (siempre eximiéndose de responsabilidad), marketing de paquete vacacional y mucha mucha mucha falsa felicidad.

Hawai es un paraíso de playas idílicas, hombres con camisas hawaianas (especie extendida más allá de los gringos turistas) y belleza tropical. Hawai está también plagado con resorts de lujo americano, jubilados gringos viviendo su segunda o tercera juventud y coches de lujo de alquiler.

 

Por otra parte y como nada es absoluto hay miles de grandes atractivos que necesito contar. Lo primero que me llamó la atención en la Isla de Maui es su atmósfera distendida y su naturaleza tropical y exuberante. La población local se compone en gran parte de americanos cansados del modo de vida en tierra firme que se vinieron a vivir a Hawai. Su filosofía es la de vivir y dejar vivir, con buena vibración y buena energía. Un poco de surf, tiempo para disfrutar, gente de calidad y el trabajo justo para vivir. Nada que no queramos muchos. Una vida sencilla y con sentido.

 

 

Amanecí mi primer día en Maui, me deslicé en mi bikini y puse rumbo a la playa. Dos horas después de ir caminando la playa más larga de la isla reconocí mi exceso de confianza. La coloradita (así nos llaman en Ecuador a las blanquitas) se puso como un cangrejo y volvió a casa color butano y feliz como una perdiz.

Mi casa en Maui está frente a la playa. Richard hace coachsurfing en su casa (alojar sin coste a gente que viaja) y yo he tenido la fortuna de estar en Hawai sin pagar un duro por el alojaiento. Increible pero cierto. Richard tiene alrededor de 70 años, es un hombre generoso y muy respetuoso. Su única particularidad es que practica el nudismo en su casa, si no te molesta verlo tienes la oportunidad de tener alojamiento gratuito. Yo lo tenía claro, el nudismo me molesta menos que pagar 150 eur por noche.

 

En casa de Richard conocí a Corina y a Elena. Ambas me han aportado grandes lecciones a su manera. Corina fue mi compañera de viaje durante dos días a la ruta de Hana, un road trip que abarca toda la costa Este de la isla. Siempre recordaré la noche que dormimos en Hamoma beach viendo la luna llena en un cielo cubierto de estrellas. El baño de noche con el cielo reflejado en el mar. Nuestras risas jugando con las olas. Las conversaciones sobre cómo la vida nos llevó allí. Los grandes dolores en nuestra vida nos traen lecciones que luego, pasado un tiempo, agradecemos enormemente. Nos han hecho mejores personas.

Elena es una italiana que vive en Barcelona, ¿casualidad o causalidad? Ella tiene una delicadeza que emociona y una maravillosa filosofía de vida. Trabajar para vivir. Evitar lo innecesario, tener una vida sencilla y con grandes valores. Poner el foco en las pocas cosas valiosas. Y usar el dinero para disfrutarlo, no para acumularlo. Sencillo y valiente.

A mi vuelta del road trip empecé a sentirme enferma. Opté por no escucharme y al día siguiente me fui al cráter del volcán Haleakala a 3000 mt. Y no sólo eso, hice una caminata bajando y subiendo que terminó de ponerme enferma del todo. Eso sí, al volcán lo marqué como visto. Qué difícil escuchar a mi cuerpo cuando mi mente me grita “¡Estás en Hawai! ¡No puedes estar enferma! “. Los siguientes días mi cuerpo me confirmó que estaba enferma, y bastante. Tenía sólo un hilo de voz, un estado gripal importante y me movía en modo zombi. Lo único que podía hacer era dar algunos paseos y descansar. Y en ese tiempo de reflexión saqué grandes conclusiones sobre todo lo vivido hasta ahora en el viaje. No soy la misma persona que se fue de Barcelona el 1 de septiembre, grandes cambios internos se han llevado a cabo. Imposible mencionarlos, cada uno entiende su propia historia. Lo que está claro es que las piezas de mi puzzle interno han ido encajando sin yo notarlo y hoy me siento muy cómoda conmigo misma.

 

 

Maui siempre fue un destino en mi lista. Uno de mis grandes maestros espirituales, Wayne Dyer, vivió allí durante la mayor parte de su vida adulta y hablaba de la gran energía que desprendía el lugar. Quise verlo con mis propios ojos, hacer el paseo por la playa que él hacía cada día y experimentar lo que yo sentía al estar allí. El primer día me emocionó estar en su playa y tuve un flash de todo lo que había pasado en mi vida hasta llegar allí. Me embargó el orgullo de todo lo que conseguí y quien soy hoy.

 

Los regalos de Hawai:

El mejor amanecer en Hamoma Beach desde mi saco de dormir

 

El mejor atardecer, en el aeropuerto el día que llegué, haciendo escala en Honolulu

 

La mejor receta, a falta de grandes platos locales y demasiada comida rápida americana diría que lo que más me gustó fue la piña natural, el oro de Hawai.

 

 

La superstición, la cultura hawaiana tiene muchas supersticiones y augurios que son ampliamente conocidos y hoy en día siguen teniendo valor. La lluvia y los arcoíris son considerados bendiciones de los dioses. Esto toma más valor aún si llueve durante una boda.

 

La pulsera, esta vez para el pie.

El jueves de noche salí del aeropuerto de Maui rumbo a Nueva Zelanda. Mi escala en Honolulu me trajo malas noticias a medianoche. Mi vuelo se canceló por un tifón en Samoa. Me esperaban dos días en Honolulu. No encontré alojamiento que bajase de los 150 eur ni un coachsurfing que me quisiera ayudar así que pasé dos noches durmiendo en el aeropuerto (de nuevo mi saco de dormir hizo lo mejor posible de mis noches). Ante las circunstancias extremas hice mis elecciones: sacrificar esas dos noches para invertir mi dinero en otra cosa que no un hotel en Honolulu, disfrutar del día que pasé allí visitando Pearl Harbour y ponerme un poco más morena en la playa de Waikiki. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Absolutamente todo es dual. Y la experiencia me hace disfrutar unas y aceptar los otros cada vez con más sabiduría.

Aloha

 

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