Aotearoa

Aotearoa

Travel

Conduciendo hacia Invercargill observo que he tomado la decisión correcta, cada vez menos turistas y más gente local. Los pequeños pueblos en la carretera parecen sacados de una película del oeste. La gente local es gente de pueblo, con sus camionetas y sus granjas de ovejas. Tengo la impresión de que hace tiempo que están sobrepasados con el turismo, es difícil relacionarse con ellos, como si se escondieran de la masa de turistas que llega cada mes. Los comprendo. Es algo similar a lo que se siente en Barcelona.

 

Llego al punto más al Sur de la Isla sur: Bluff. Es un pueblo eminentemente industrial y con unas de las ostras más ricas que he probado. Desde el punto más alto de la colina veo la siguiente isla, la Isla Steward y la costa que recorta el final de la isla. Conducir por estos paisajes no deja de abrirme la boca. Hoy el mapa me llevó por error a un camino de ovejas subiendo una colina. Las vistas eran de otro mundo, se grabaron en mi cabeza. No quise hacer fotos porque eso estropearía el momento, mi momento. Y eso es lo más importante para mí. Mi intención es llegar a Dunedin y dormir allí. Al día siguiente me espera la playa de St Clair para por fin ¡hacer un poco de surf en este viaje!

Cuando llego al aparcamiento-camping gratuito cercano a Dunedin descubro que los pocos sitios libres están ya llenos así que me busco una calle tranquila en una zona residencial cercana para aparcar y dormir en mi coche-cama. Cómo explicaros, Nueva Zelanda me supone un reto a mi presupuesto pero como así lo he decidido busco la manera de abaratar en lo posible mis costes. Una de esas maneras es no pagar todos los días por una zona de camping sino buscarme la vida y evitar esos costes durmiendo en algún lugar poco concurrido. La necesidad agudiza totalmente el ingenio. Me siento casi como una proscrita. La ley dice que no puedo acampar en cualquier sitio pero tiene que haber una señal que lo prohíba así que busco las nebulosas sin señales. Así es la aventura, cada día es una sorpresa. Aparcada en una calle residencial de un barrio que me recuerda a Vistahermosa en Cádiz pienso en lo irónico de las situaciones. Estoy aquí, en un coche viejo con un colchón atrás, dispuesta a pasar la noche (y que la policía no venga) y no me importa. De hecho estoy feliz, más que haciendo una rutina cada día. La aventura me da vida.

St Clair y su mar de corrientes fuertes es un extra reto para mi vuelta al surf. Las agujetas me van a acompañar por días. Y merece la pena probar este mar, la temperatura externa es de 12 grados y el mar está a 15 lo que me hace tiritar al ponerme y sacarme el traje. Es curioso como me siento tan viva cuando estoy en el mar. Y es curioso como los diferentes mares y océanos que estoy conociendo alrededor del mundo son diferentes e iguales al mismo tiempo. Es una fuerza poderosa que parece estar ahí para nuestra contemplación y disfrute. Olvidamos que con su fuerza podría inundarnos en un segundo y condenarnos al olvido. De nuevo la benévola madre naturaleza a la que necesitamos agradecer y respetar.

 

Toda la costa este, no tan famosa como su contraria, se me aparece como una maravilla y una ocasión de estar más en contacto con la gente local. Hace un par de años esta costa fue azotada por un terremoto muy importante y todavía hoy se están reconstruyendo las carreteras, las brechas y los destrozos naturales. Christchurch fue una de las ciudades más afectadas. Allí conocí a Carlos, un chileno enamorado del jazz y de la música en general que lleva 4 años viviendo en NZ. El me cuenta muchas cosas sobre cómo es vivir aquí y cómo viniendo de fuera es posible integrarse y tener una excelente calidad de vida.

Uno de los lugares que más me impactó de esta zona de la costa este fue la bahía de Okains Bay. Allí me quedé en un camping en el medio de la pura naturaleza, en un pinar que precede a una playa maravillosa y en el que se respira la paz más absoluta.

Las imágenes de la costa este valen más que mil de mis palabras:

 

Tunnel Beach

Akaroa

Okains Bay

Kaikoura

De nuevo en Picton, cruzo en el ferry rumbo a Wellington en la isla Norte.

Tengo una misión clara antes de llegar a Auckland y despedirme de NZ: quiero hacer el trekking del Tongariro Alpine Crossing. ¿Qué es eso? Un trekking de 20 kilómetros en la zona en la que se rodaron las escenas de Mordor en la película del Señor de los Anillos. 20 kilómetros, 8 horas de trekking aproximadamente con una subida al volcán y vistas espectaculares, incluido el lugar en el que Frodo tiró el anillo. Momentazo. Me preparo bien y reservo un buen camping con duchas calientes y todo lo necesario tanto para el día previo como para el día de mi caminata. A las 6.30 de la mañana ya estoy caminando, hay un volumen exagerado de gente que me acompaña, tanto que parece una autopista o la romería de Chamorro (para los que conocen mi querido Ferrol). Por el camino varios carteles avisan de que los volcanes por los que pasamos están activos y que si se percibe algún signo de actividad volcánica … salgas corriendo, eso sí son majos y te dicen hacia donde. Por otra parte también hay carteles diciéndote literalmente que estás a tiempo de volver atrás si no estás seguro de estar preparado físicamente. Yo me arriesgo, en plan chulita, si puedo dar la vuelta al mundo puedo hacer este trekking, ¿o no? ¡Pues eso! (Aunque estaba un poco cagada con el cartel). Después de 7 horas llegué al final del camino. Mis piernas no podían más, mi cadera pedía descanso a gritos y mi mente estaba dando botes celebrando el objetivo conseguido. Y … ¡de nuevo una prueba superada!

 

Casi sin movilidad en las piernas conduje al día siguiente hasta Auckland. Quería pasar mis últimos dos días con Erica, André y su familia. Qué maravilloso conocer a gente así de generosa y especial. Tuve la fortuna de conocer la isla de Waiheke en mi último día en Nueva Zelanda. El paraíso en Auckland. Una isla fundada por hippies con un microclima delicioso y un modo de vida a lo “SLOW life”. Allí, en su nueva casa, iré a visitar a mis buenos amigos a mi vuelta al país más verde del mundo.

 

Junto mis manos en agradecimiento a este país y a todo lo que me ha dado. Entre esas cosas:

El mejor amanecer en el Lake Okaro, mi primer amanecer después de la noche en mi coche-cama.

El mejor atardecer descubriendo Wharariqui Beach, la playa más hermosa de NZ

 

La mejor receta, el pastel de pescado de Erica en mi última noche. Una delicia.

La historia maorí : la leyenda de Nueva Zelanda

Maui es el talentoso e inteligente semidiós de la mitología polinesia, responsable de levantar de las profundidades del océano la Isla Norte de Aotearoa, nombre maorí para Nueva Zelanda.

Tras un nacimiento y un crecimiento milagrosos, Maui se ganó el cariño de sus padres sobrenaturales, enseñó artes útiles a los hombres, atrapó el sol y domesticó el fuego. Pero una de sus proezas más famosas fue rescatar la Isla Norte del fondo del mar.

Menospreciándolo, los cuatro hermanos de Maui conspiraron para abandonarlo cuando se fuera a pescar. Sin embargo, Maui escuchó sus planes sin querer y, en secreto, construyó un anzuelo con una ancestral quijada mágica. Entonces, una noche se deslizó hasta la canoa de sus hermanos y se ocultó bajo las tablas del piso.

No fue hasta que sus hermanos perdieron de vista la tierra firme y llenaron el fondo de la canoa de pescado que Maui salió de su escondite. Entonces, sacó su anzuelo mágico, lo lanzó por el lado de la canoa y comenzó a recitar poderosos encantamientos.

El anzuelo cayó más y más profundo en el océano hasta que Maui sintió que había tocado algo. Tiró suavemente y sintió cómo muy abajo el anzuelo tiraba con fuerza. ¡Era un enorme pez! Junto a sus hermanos, Maui logró sacar el pez a la superficie.

Maui advirtió a sus hermanos que esperaran hasta que hubiese apaciguado a Tangaroa, el dios del océano, antes de que comenzaran a cortar el pez. Pero se cansaron de esperar y comenzaron a cortarlo en pedazos. Esos pedazos son ahora los diversos valles, montañas, lagos y costas rocosas que vemos en la Isla Norte.

Hasta el día de hoy, la Isla Norte se conoce en maorí como Te Ika a Maui, el pez de Maui. Da un vistazo a un mapa de Nueva Zelanda y verás la cabeza del pez en el sur y la cola en el norte. La Isla Sur también es conocida como Te Waka a Maui, la canoa de Maui; por su parte, a la isla Stewart o Rakiura se la conoce como Te Punga a Maui, el ancla de piedra de Maui.

La pulsera que esta vez es un anillo hecho de una concha de la playa de Whaiheke Island. Gracias Erica.

 

Describir Nueva Zelanda es una tarea harto complicada. Nada de los que os dijese podría reflejar lo que vuestros ojos verían allí, lo que vuestros sentidos percibirían. Me encantaría tomaros de la mano y enseñaros todo lo que mis momentos han significado. Han sido momentos de soledad casi todos, conduciendo durante horas (y disfrutándolo) en el medio de paisajes de ensueño. Grandes meditaciones vienen de este viaje, grandes lecciones también.

Me despido de Aotearoa con uno de mis momentos favoritos.

Mi queso, mi vinito y mi pan me acompañan en la parte de atrás del coche. Sentada sobre el colchón y con las puertas abiertas observo el pinar y el mar, oigo rugir las olas, a los pájaros que cantan mientras el día va echando el telón. Ha sido un día muy intenso, conducir es genial en su justa medida. Más de eso agota. La bahía de Okains me maravilla. Es como el San Jorge de mi infancia: salvaje , íntimo y de una energía cálida. Okains Bay es pura calma, el mar te acuna de noche y te despierta suave por la mañana. En este lugar no existe más que este momento, no conoce tu pasado y no le importa tu futuro. Te acompaña. Ahora.

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