Sydney rules

Sydney rules

Travel

La ausencia de expectativas y el ejercicio del asombro son las claves del descubrimiento. Eso me pasa con Sydney, no espero nada y recibo cosas excepcionales. Mi primer día la ciudad me recibe con los brazos abiertos, conozco a muchísima gente y termino tomando cervezas y cenando con un chileno y un venezolano enamorados de Sydney y de las posibilidades que les ofrece. De sus ojos comienzo a descubrir cómo Australia recibe un volumen considerable de gente en busca de una experiencia de vida diferente. Y todo ello de una manera bastante fácil. Se vive bien en Australia en general y en Sydney en particular.

Mi presupuesto está volviéndose más y más apretado. Los últimos seis meses mis gastos han sido más de los esperados y ahora necesito ser más cuidadosa. El factor que me favorece es que comienzo en breve Asia, y el coste de vida baja considerablemente para mis vuelos, alojamientos y comidas. Así que Sydney y sus precios se presentan como un reto. Me planteo mis planes en la ciudad cuidadosamente. No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita y yo, a estas alturas, necesito muy poco para disfrutar.

Descubro en mi segundo día los extensos parques en la ciudad, el placer de tumbarse y hacer un picnic tomando el sol y con los pies en la hierba. A lo lejos los grandes edificios de una ciudad en pleno movimiento. Lo que me gusta de esta atmósfera es la dualidad de actividad y descanso. Cuando terminan sus trabajos los australianos se calzan sus sandalias y se relajan de verdad. Su carácter es fácil, amable, relajado.

 

 

Los extranjeros que viven en Sydney se juntan mucho a tomar cervezas y charlar. En mi segundo día me uno a uno de esos grupos y conozco las historias de gente muy diferente. Creo que de las 25 personas que había ninguna era de la misma nacionalidad. Hay unanimidad, Australia es un país realmente acogedor y lleno de posibilidades. Y Sydney es una de las grandes puertas.

A poco más de media hora de Sydney es bus la costa te regala playas espectaculares y llenas de vida. La más famosa, Bondi beach. En Bondi beach está la gente guapa o los aspirantes a serlo, los surferos y surferas inundan el mar en busca de la buena ola, la arena es el punto de encuentro de los cuerpos esculturales y los postureos varios. Y aún cuando esa no es mi filosofía de vida lo encuentro tremendamente atractivo. Es como mirar a través de la cámara de algún cineasta o fotógrafo. Volverte un observador de la vida, real o falsa, de la gente.

 

 

 

Disfruto de mi paseo por la costa de Bondi, Bronte y Coogee. Me acompañan dos nuevos amigos, Miguel de Puerto Rico y Jeremy de Israel. Yo, con mi alma curiosa bombardeo a Jeremy a preguntas sobre los judíos, el modo de vida, las tradiciones, la práctica y la teoría del Judaísmo. Y aprendo grandes cosas sobre ellos y su mentalidad. Es magnifico poder conocerlo de primera mano, de alguien de mente abierta también y dispuesto a responder a cualquier pregunta. Sólo viajando te expones al conocimiento más directo.

El domingo lo dedico a descubrir la playa de Manly, a 45 minutos en ferry de Sydney. Es un día perfecto, pleno sol, ninguna nube. Eso sí, hordas de turistas me acompañan. Jeremy se ha venido conmigo y los dos amantes de la fotografía nos dedicamos a captar los momentos de la gente en la playa. La vuelta al atardecer nos regala una puesta de sol desde el ferry con la vista completa de la ciudad. Insuperable.

Mi hostel es lo más barato que he podido encontrar en la ciudad. La limpieza es aceptable. Compartir dormitorio con otras 7 chicas es interesante. Me llama la atención la falta de comunicación o de saludo, el hecho de encontrar a muchas de ellas metidas en esa habitación casi todo el día, desde que me voy por la mañana hasta que llego por la noche. No se comunican, no conocen gente, casi no salen, … ¿Realmente puede ser que vengas hasta Australia a estar encerrada en un hostel? Puede ser, desconozco las razones.

Los siguientes días pateo la ciudad, visito museos gratuitos, observo a la gente por la calle. En los locales observo encantada los grupos de amigos que no pueden ser más diversos: asiáticos, indios, europeos, australianos. Todo mezclado de una manera preciosa. Hombres y mujeres vestidos de oficina, de todas las nacionalidades y de nuevo mezclados de todas las formas posibles. La diversidad que veo aquí me emociona, me da esperanza, abre puertas.

 

 

Mi rápida e intensa visita a Australia me ha ofrecido tantas cosas:

El mejor amanecer llegando a Sydney desde el avión

El mejor atardecer desde el ferry de vuelta de Manly

 

 

La mejor receta, mi primera pizza “kosher” en un lugar de Bondi beach. ¡Gracias Jeremy!

 

La superstición. Hay una gran diferencia de integración entre los aborígenes neozelandeses y los australianos. Los maoríes están muy integrados en la sociedad neozelandesa, aún siendo minoría, pero los aborígenes australianos están completamente excluídos. Muchos tienen problemas de alcoholismo y drogadicción y están en el escalafón más bajo de la sociedad australiana con respecto a poder adquisitivo, educación, etc.

Durante la época colonial y después de que Australia dejara de ser colonia inglesa, se hicieron verdaderos genocidios y atrocidades como separar hijos de sus padres.

Nunca hagas una foto a un aborigen o a el arte creado por un aborigen, ya que son muy supersticiosos y piensan que les estás robando su alma.

La pulsera australiana no se dió, en cambio me quedo con los bikinis de surfera.

Me llevo una grata y enorme sorpresa en Australia. Incluso me he planteado quedarme más tiempo y hacer algo de dinero mientras descubro más zonas. Finalmente lo veo complicado, la velocidad a la que encuentre un trabajo con mi visa de turista no es proporcional a la que gasto mi dinero aquí. Sigo camino, sigo viaje, descubro nuevos pasos. Salto a Filipinas y me despido con un maravilloso sabor de boca y la promesa de volver.

 

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