Fino Filipino

Fino Filipino

Travel

Cuando el estrés te llega a las orejas y parece estás atrapado en el medio de mil obligaciones hay momentos en los que sueñas con un paraíso de aguas cristalinas, arena blanca y palmeras donde la temperatura es perfecta, la comida es fresca, la gente te sonríe y el sol te dora la piel. Ese paraíso tiene nombre, se llama Palawan y es una isla de Filipinas.

Filipinas fue una decisión que tomé en el último momento. Mi plan inicial era ir a Japón directamente pero descubrí que el Sakura (floración de los cerezos) sería más tarde de lo previsto. Eso me daba la posibilidad de incluir otro destino en el medio y Filipinas estaba paseándose en mi mente hacía un tiempo. No pude tomar una decisión mejor. Esto es el puro paraíso.

Mi llegada a Manila fue un shock después de los encantos de Sídney. La visita a la capital de Filipinas fue rápida, húmeda, contaminada y también llena de historia. Mi paso fue la visita de un médico y aún así pude observar Intramuros, el barrio antiguo con todo el pasado español en él. En Filipinas todo parece español: Los nombres de las calles, de las comidas, hasta de la gente. Los 300 años de colonización han dejado mucho rastro aunque nadie habla ya nuestra lengua.

En mi vuelo a Puerto Princesa, la ciudad más grande en la Isla de Palawan empezó mi aventura filipina. Allí charlando con mi compañero de fila comencé una nueva amistad con tres chicos, dos turcos y un español. Los tres días siguientes fueron carne de actividades en grupo, muchas risas y mucho sol. Este país es increíble, un paraíso literal. El Nido, la ciudad de entrada a los Tours increíbles por las Islas de anuncio, es un pequeño pueblo abarrotado de turistas. Dos días son suficientes para ver todo lo que puede ofrecer. Mañana me voy y dejo ya a los chicos. A mi aire, soledad, descanso y reflexiones antes del gran país Nipón.

Al fin sola, de nuevo. Me encanta compartir momentos con gente nueva y me gusta aún más disfrutar de mi soledad, de mi propia compañía. Esto se ha acentuado en el viaje. Qué descanso estar aquí, en esta playa, sentada en este chiringuito bebiendo una cerveza, comiendo gambas y disfrutando del mar en mi hamaca.

El viaje hasta mi cabaña en Sibaltán después de la playa me ha dejado exhausta. La sensación en la moto ha sido tremenda, he recordado mi propia moto y la sensación de libertad que tengo cuando conduzco. Llego a Sibaltán al atardecer y muy cansada, creo que tengo fiebre y mi garganta clama descanso. Todo mi cuerpo lo pide. Me dedico a ello los tres dias que estoy en la cabaña.

El amanecer se cubre con grises nubarrones que no me dejan ver el sol, sólo intuir su aureola naranja. Sibaltan amanece nublado, fresco y ligero. Me encuentro mejor, mi sensibilidad en la piel ha disminuido y mi ánimo y mis fuerzas han mejorado. El bendito desanso.

Una bolita roja se asoma por el horizonte. Es una bola de fuego, parecido el color a la que veía en África. Un regalo para los ojos. Una maravilla. Hoy parece tímida con todas esas nubes que la cubren.

No sé qué es lo que tiene esta tierra, si es el azul turquesa del mar, la arena blanca o el verde de alrededor. Los colores y su combinación. La sonrisa de su gente, lo fácil del trato lo hacen un verdadero paraíso. No por ser perfecto y comercial, sino todo lo contrario.

El almuerzo, antes de irme: chicken adobo, algo típico en Filipinas. Es como un guiso con arroz, me recuerda a Mozambique. Mis fuerzas han vuelto y soy consciente de que necesito cuidarme más que hasta ahora. Tengo seis meses más por delante y necesito estar fuerte. He tomado la decisión de relajarme y descansar a tope esta última semana que me queda aquí en el pequeño pueblo de Port Barton.

Esta paz que tengo ahora no se puede comparar con nada. La he vivido en momentos fugaces solamente. Desde que hago este viaje la disfruto de manera continua y lo fugaz son los momentos de stress a pesar de la aventura.

Salgo del hostel, el cielo está claro, hoy podré ver el atardecer en un chiringo de la playa con una cerveza. Le pregunto a Ryan, el dueño del hostel, cual es el mejor lugar para verlo, simplemente me dirige a la playa. En mi camino me cruzo con muchos niños jugando alegres, jóvenes de sonrisa fácil y perros, gallinas, patos y demás animales cruzando la calle como un humano más.

Me siento en un chiringo siguiendo mi intuición. Me gusta la energía. La cadencia de las olas, el ambiente relajado, la naturaleza apabullante que nos rodea, la música bien escogida … Todo ayuda a sentirse cómodo. Me veo desde arriba, y reconozco mi fortuna. Estoy orgullosa de mi decisión, difícil explicarlo con palabras. Los sentimientos más puros no se explican ni se analizan.

Intento fallido de yoga a las 8 de la mañana. Recuerdo las palabras de mi querida Rosa, del hostal de Puerto Princesa, “en Filipinas nada es seguro”.He dormido 9 horas o más. Y me siento increíble en cuanto a descanso. Mi cuerpo necesita estirarse. Mi tiempo se ha parado aquí, en este pequeño pueblo de esta isla. Y me he escuchando queriendo parar, recobrar fuerzas y cuidarme.

Me he convertido en todas las heroínas con las que soñaba en mi infancia. Encarno las mejores cualidades de todas ellas y cada día lo veo más claro el qué hacer de aquí en adelante. Filipinas me ha dado el tiempo y el espacio para mis reflexiones, entre otras cosas:

El mejor amanecer desde las cabañas de Sibaltán.

 

El mejor atardecer desde Port Barton.

La mejor receta, el adobo

 

La superstición. En Filipinas, si sueñas que te sacan un diente, entonces significa que un miembro de la familia va a morir. Tremendo ¿eh? Ojito con lo que soñáis.

La pulsera filipina en el tobillo, acompañando la que me compré en Hawai

 

Filipinas me ha tratado tan bien que me he sentido en ese paraíso con el que siempre soñé, el de las vacaciones perfectas de relax y desconexión donde todo fluye y la gente te trata con el mayor respeto, cordialidad y cercanía. Los filipinos son maravillosos, gente muy generosa y abierta como mi querida Rosa, nos conocimos en un hostal de Puerto Princesa, ella trabajaba allí yo solo pasaba una noche y la conexión fue inmediata. Ya creo que no hay parte del mundo en la que no pueda desenvolverme y me siento cómoda haciéndolo. No concibo el mundo como ese lugar enorme y peligroso en el que te pasarán cosas malas, mejor quedarte en tu zona de confort. Al contrario, este mundo es un lugar maravilloso lleno de gente preciosa y si te abres a ellos tu vida cambiará. Seguro.

 

Catedral de Manila

Intramuros, Manila

Manila

New friends

El Nido

Mi moto y yo, la hormiga atómica

Mi cabaña en Sibaltan

Port Barton

Gracias Filipinas

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