Volver Volver Volver

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Travel

Volví a Hong Kong esperando sensaciones conocidas, sintiéndome de nuevo en casa y me sorprendió una visión totalmente distinta, una perspectiva nueva que descubrí sólo al haber vuelto a un sitio tan conocido para mí después de 7 meses de nuevos descubrimientos. Por primera vez reconocí cuanto había cambiado a través de mi viaje.

Los cambios fueron innumerables, desde que puse mis pies en el aeropuerto. Hasta entonces mis visitas habían sido profesionales mezcladas también con ocio y no había preocupaciones económicas, al contrario. Nada más llegar quise seguir mi rutina, coger un café en mi rincón favorito del aeropuerto y recorrer el camino desde allí tomándomelo a sorbitos. La primera señal en mis narices: ya no existe ese rincón. Por supuesto eso no es algo raro en mi segunda casa, allí todo cambia a velocidad de vértigo. No hay espacio para sentimentalismos, nunca mejor dicho. Cambiar el taxi por el bus no fue un problema para mí. Me resulta mucho más interesante vivir de manera local, ahora que no tengo prisas por llegar a reuniones o maldormir para negociar 12 horas seguidas al día siguiente. Ahora mi vida es más mía que nunca, con todas sus consecuencias.

El siguiente cambio fue llegar a la isla de Hong Kong y no a Kowloon (la parte peninsular donde están la mayor parte de los hoteles). Mi querida Carmen, una hongkonita asombrosa y antigua compañera de trabajo, me alojó en su casa unos días. Su pequeño y encantador apartamento en un piso 18 de la isla me recibió como si fuese mi propia casa. No podía pedir más. No añoré en absoluto los cuartos de lujo de los hoteles donde me hospedaba, allí no sentía el calor de hogar ni el amor que estaba sintiendo ahora. Todos los días siguientes estuve viendo a amigos y antiguos compañeros que me acompañaron y me ofrecieron momentos perfectos como si estuviese en familia.

Miraba a Hong Kong, mi Hong Kong, y ya no lo veía de la misma forma. Conocía casi todos los lugares, identificaba la temperatura, la sensación de humedad, el correteo de la gente. Mis lugares favoritos, mis tiendas preferidas ya no significaban lo mismo. Me sentía otra persona en la misma ciudad. Lo que antes me maravillaba ahora no movía nada en mí. Mi filtro y mi perspectiva de la ciudad nada tenían que ver con antes. Mis ojos habían cambiado. Si esto me pasa con Hong Kong, ¿qué pasará cuando vuelva a Barcelona? – pensé. Os lo contaré cuando cruce ese puente.

Hubo un único lugar que me hizo volver a sentir y fue mi parque favorito de Hong Kong, Nan Lian garden, Sus bonsais y su puente rojo me transportaron a los momentos de relax en la vorágine de una ciudad que no duerme. Y es que Hong Kong, símbolo del capitalismo y el doble rasero de China, es la ciudad del shopping (el mejor y más completo que he visto en mi vida) y yo, sumergida en la vuelta a los orígenes, a la madre naturaleza y a la vida sencilla ya no me siento impresionada ni atraída por las grandes urbes y mucho menos por su tipo de vida.

Mi último día en Hong Kong lo pasé subiendo al Peak, el punto más alto de la isla. Esta vez no lo hice en taxi como anteriormente sino que lo subí andando, alentada por mi querida Carmen que me enseñó un camino oculto desde la Universidad. Lo hice sola, sudando por todos los poros de mi piel y disfrutando de la espesa y verde naturaleza de Hong Kong. Me senté en un banco en el medio del camino y reflexioné por largo tiempo.

 

Kowloon desde Hong Kong Island

Hong Kong street art

Casa de Carmen en el piso 18

Mong Kok

Amigas en Hong Kong

Nan Lian garden

Nan Lian garden

The Peak

Mis mejores momentos en Hong Kong los pasé con las dos mejores personas posible: Vera y Ana. Juntas en Hong Kong trabajamos mucho, negociamos de sol a sol y también descubrimos toda la vida que nos rodeaba. Se agolparon en mi cabeza millones de conversaciones, de cenas de madrugada, de fines de semana en la naturaleza visitando templos para aliviar el estrés … vivencias made in Hong Kong. Los ojos de la María que ahora lo ve sonríen a la magia de los momentos y se reafirman en que ahora es tiempo de cambio y de nueva etapa. Los ojos que ven Hong Kong son los de la Maria que ya dió la vuelta a más de medio mundo y a muchos más rincones de su alma. Ahora ella guía el timón con mano firme y convencida de quien es, y también de quien no es.

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