Vietnam, el país del reencuentro

Vietnam, el país del reencuentro

Travel

Aterrizar en Hanoi, hacer amigos en el bus, llegar al hostel … Todo fluido. Primera experiencia en el sudeste asiático, en la zona llamada Indochina (en el medio entre India y China, fácil ¿no?). Allí, donde los franceses se instalaron y colonizaron, me esperaba mi diosa sueca particular. Mi nueva compañera de camino, mi queridísima Asa. En Hanoi nos encontramos, dos almas de viaje en busca del tiempo perdido en el que vendimos nuestras almas al diablo de la modernidad. Sabíamos que nos encontraríamos. Fuimos en direcciones opuestas. Yo empezando en África, ella en Nepal. En mi vuelta al mundo coincidiríamos en algún sitio. Llamémosle Hanoi, por ejemplo.

Consideremos que ambas hemos estado viajando solas por varios meses y ahora nos planteamos compartir juntas un tramo de viaje de 6 semanas, un mes y medio, 24 horas juntas recorriendo 4 países. No nos asusta el espejo que la otra refleja en nosotras. Ambas hemos aprendido mucho y queremos ponerlo en práctica y ponernos a prueba.

Hanoi es una ciudad vibrante, brillante en colores y de inmensas posibilidades. Nuestra emoción al vernos de nuevo nos llevó a buscar algo tan español como tomarnos una birra juntas (os confieso que Asa tiene alma de española, a veces más que yo incluso). Así y guiadas por las recomendaciones de mi querido Oscar, mi gurú particular del sudeste asiático nos encontramos en un bar de lo más local bebiendo cerveza de Hanoi. Las únicas extranjeras en todo el local y las únicas mujeres. Ole esas mujeres valientes, viajeras y sin prejuicios. Esa noche hablamos sin parar, ocho meses en resumen, nos mirábamos sin poder creer que estuviéramos juntas. Después de muchos meses viajando solas cada una por su lado resulta maravilloso charlar con uno de tus amigos cara a cara, darle un abrazo y compartir risas e historias. Es como volver a casa.

En Hanoi todavía se respira la lucha de la guerra, los carteles combativos y los mensajes desafiantes. La guerra pasó pero dejó tras de sí muchos muertos y muchas secuelas. Quizás por eso en Vietnam no he sentido la cordialidad de otros países. Las relaciones con los extranjeros son eminentemente comerciales. En muchas ocasiones allí me sentí como un billete de euro con patas. Dicho esto Hanoi me sorprendió gratamente, está llena de rincones interesantes que nos recorrimos a patitas, saboreando el café vietnamita (¡qué delicia!) y la gastronomía local.

Nuestra base de operaciones era un hostal en el centro lleno de viajeros de 20 años. Desde allí nos movimos a Halong Bay en una excursión de un par de días alrededor de diferentes bahías. La verdad Halong Bay me sorprendió sobretodo por lo suciedad del agua. Después de venir de las prístinas aguas de Palawan en Filipinas me sentí triste al ver la suciedad y el mal mantenimiento. Tanto fue así que en nuestro recorrido casi nadie en el barco quiso lanzarse al agua. El lugar es un paraíso natural, una verdadera belleza. La gente que vive en las casas flotantes alrededor tira los residuos al agua. Nuestro guía me comentó que el problema es que esa gente no iba a la escuela … ¿será necesario ir a la escuela para darte cuenta de eso? Después de la noche en una de las islas, la Isla de las mujeres, volvimos a Hanoi al día siguiente.

Nuestra siguiente parada era Sapa, el Norte de Vietnam, casi frontera con China. Sapa es famoso por sus arrozales y sus trekking en las colinas húmedas de vistas panorámicas. Hacia allá nos dirigimos en un “VIP bus”. Dicho elemento era un bus dividido en cajones con una cama doble, una tele de pantalla plana y el techo imitando el cielo. Ah! Y una ventana en forma de corazón. Allí nos metimos las dos, siendo nuestro tamaño casi el doble que el de los vietnamitas nos encajamos como pudimos. En la tele nos pusieron “Lo que el viento se llevo”. Después de las primeras risas nos quedamos un poco dormidas. Paramos dos veces al baño y a comprar algo de comer. Y ahí fue el principio de mi pesadilla particular. Después de la segunda parada me sentí muy cansada. Llegamos a Sapa y mi mochila pesaba cinco quilos más en mi espalda. El cansancio me vencía. Nos trasladamos a nuestro alojamiento en una casa de familia en las colinas. Yo no podía con mi alma. Nada más llegar me fui a la cama y no tuve fuerzas para mucho más en los dos días siguientes. Nuestra casa era refugio de mochileros de 20 años, principalmente anglosajones. Sí, a estas alturas espero os hayáis dado cuenta de cual es el perfil mayoritario de quien viaja a Vietnam. Si no has ido cuando tienes 20 te ha faltado algo en la vida. Poco os puedo contar de esos días, me puse muy malita, tanto que me asusté pensando qué hacer si empeoraba. Mi itinerario no pasaba por países o mejor dicho zonas de confianza en cuanto a cuidado médico: Laos, Tailandia, Myanmar … Tener a Asa conmigo me aliviaba muchísimo, si me pasaba algo no estaba sola. Mi estómago quemaba y mi cansancio iba en aumento. El último día recobré un poco las fuerzas para ir a ver los paisajes espectaculares de los campos de arroz. Me encantó el panorama, me hizo pensar en las montañas de Perú y en las terrazas de tierra de la época inca. En realidad son estructuras que ves por todo el mundo y que se remontan a tiempos muy antiguos, a culturas olvidadas y llenas de sabiduría.

La casa de familia donde estábamos podría compararse con cualquier casa de aldea de Galicia. En la parte de fuera estaban los perros, las gallinas y las moscas a millones. En la parte de dentro la distribución hacía que además de las habitaciones donde estábamos nosotras el faiado (desván) albergase el dormitorio común donde había 20 camas. La cocina era muy antigua y rústica. Allí aprendimos a cocinar varios platos de la tierra (por un módico precio), vamos lo que ahora se llaman talleres de cocina. Entre los platos rollitos vietnamitas fritos (nems) y diferentes verduras al wok. Los que me conocéis sabéis que yo no paso demasiado tiempo en la cocina. Después del cuarto plato (eran seis) y estando enferma ya estaba preguntándome en qué momento se me ocurrió vivir de cerca los fogones vietnamitas.

La gente en Sapa no se considera vietnamita sino de su propia etnia. En las montañas de Sapa viven ocho de los 54 grupos étnicos de Vietnam, y cada uno es muy diferente a los demás tanto en costumbres como en vestimenta. En mi mente los comparaba con los grupos étnicos de las montañas de China y veía muchas similitudes. Al fin y al cabo estando en frontera es difícil decir donde empieza uno y donde termina el otro. En Sapa los guías de trekking son mujeres, no hombres. Su habilidad es pasmosa, caminan durante todo el día por los senderos con un grado de humedad muy elevado y vestidas con sus trajes tradicionales. Llevan a grupos de turistas que teniendo 20 años la mayoría no llegan a tener la fuerza de estas mujeres. El resto de ellas se dedican a vender artesanías de manera muy insistente a todo turista que avisten a kilómetros de distancia. Nosotras fuimos en época baja de turismo así que el acoso y derribo fue exagerado llegando a pedir a alguna de ellas que por favor dejase de seguirnos después de 40 minutos de persecución.

En Sapa nos despedimos de Vietnam disponiéndonos a pasar 16 horas de viaje en bus hasta Laos. Yo estaba un poco recuperada y habiendo vivido el bus desde Hanoi mis expectativas eran muy optimistas. No imaginaba lo que se me venía encima y mejor que no lo supe antes … pero esta es historia para el siguiente capítulo.

Lo que me llevo de Vietnam:

El mejor amanecer en la Isla de las Mujeres después del crucero por Halong Bay, el sol no se mostró detrás de las nubes pero despertarse en una isla con el mar al lado no tuvo precio después de tantas ciudades.

 

 

El mejor atardecer en Hanoi desde el enorme mausoleo de Ho Chi Minh, la ciudad se encendía y nosotras estábamos felices de pasear juntas.

 

 

La mejor receta, los nem

Ingredientes (para 20 nems):

  • – 20 obleas de arroz para rollitos
  • – Salsa para rollitos (nam nuoc, azúcar, vinagre, ajo, chile)

Para el relleno:

  • – 400 gr. de lomo de cerdo picado
  • – 175 gr. brotes de soja
  • – 100 gr. de fideos de arroz (son muy finos y casi transparentes)
  • – 1 zanahoria grande rallada
  • – La mitad de una cebolla
  • – 1 ó 2 huevos
  • – 25 gr. setas shiitake frescas o deshidratadas
  • – Sal, pimienta
  • – Hojas de lechuga y de menta para servir

Preparación:

– Primero empezamos a preparar las setas shiitake. Si son deshidratadas se pueden dejar de 20 a 30 minutos en agua o se pueden cocinar 10 minutos en agua hirviendo. Escurrimos bien y secamos las setas para luego cortarlas en pequeños trozos.

– Añadimos el lomo de cerdo picado.

– Remojamos los fideos en agua caliente durante 10 a 15 minutos. Los escurrimos bien y los secamos. Luego se cortan en trozos pequeños. Añadimos la carne de cerdo y las setas. Rallamos la zanahoria y la añadimos.

– Agregamos después los brotes de soja, la cebolla finamente picada y dos huevos mezclándolo todo con las manos. Echamos sal y pimienta al gusto. Si queremos comprobar el sabor siempre se puede freír un poco del relleno en una sartén para degustarlo. Si se desea, también se pueden agregar un par de cucharadas pequeñas de salsa nuoc nam al relleno. Y si no queremos que el relleno sea demasiado húmedo se puede añadir taro o patata dulce a los otros ingredientes.

– Se remojan las obleas de arroz en agua tibia. No se deben dejar en remojo más de 10 segundos. Después se colocan encima de un paño seco en la superficie de la cocina donde se vayan a elaborar los rollitos.

– Se coloca el equivalente a una buena cucharada sopera de relleno en la parte inferior central de la oblea de arroz.

– Enrollarlos es muy fácil. Primero se dobla un poco de la parte inferior de la oblea sobre el relleno. Luego se doblan los dos lados hacia el centro y se continúa envolviendo hasta el final.

– Lo ideal sería dejar “secar” los rollitos en la nevera durante una hora o más. Sin embargo también se pueden freír inmediatamente después de elaborarlos. – Vertemos el aceite en una sartén grande de modo que el aceite apenas cubra la superficie de los rollitos.

– Deslizamos suavemente 3 o 4 nems sin colocarlos juntos para que no se peguen. Los sacamos cuando estén dorados y el relleno cocinado (entre 10 o 15 minutos). Después los dejamos sobre un papel de cocina absorbente para quitar el exceso de aceite.

– Para presentarlos se acompañan de unas hojas de lechuga en el plato y algunas hojas de menta acompañado de una salsa especial que puedes comprar ya hecha en supermercados o hacerla en casa.

La superstición o leyenda que cuenta el origen de sus variedades étnicas.

El rey Dragón del sur se casó con Au Co, una hermosa hada norteña. Inicialmente vivieron en las montañas del norte, donde ella no hizo otra cosa que poner 100 huevos. Tras empollarlos, de los 100 huevos salieron 100 rollizos niños. Más tarde por nostalgia el rey volvió a sus húmedas llanuras del sur y se llevó con él a la mitad de sus hijos. Ellos serían los ancestros del grupo étnico mayoritario de Vietnam, los kinh o viet. Los cincuenta restantes que se quedaron en el norte son los ancestros de las minorías étnicas del país, los llamados “pueblos de las colinas”.

La pulsera hecha por las mujeres de Sapa, no por la que nos persiguió durante 40 minutos, una más tranquilita.

 

En Vietnam pasé de viajar en solitario a viajar en compañía, esto supone un reto después de ocho meses sola. Soy afortunada de experimentarlo con alguien como Asa, feliz de adaptarse a cualquier situación y a siempre tener una sonrisa. Hanoi siempre será el lugar en el que nos reencontramos y solo por eso todo el viaje en Vietnam tuvo sentido. El reencuentro con una amiga es una pequeña vuelta a casa.

 

 

Primer día de reencuentro

Cafés y conversaciones en Hanoi

Egg Coffee

La vida en Hanoi

La vida en Hanoi

Halong Bay

Kayak en Halong Bay

Bus psicodélico camino Hanoi-Sapa

Campos de arroz en Sapa

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