El Reino de Lan Xang

El Reino de Lan Xang

Travel

El periplo de Vietnam a Laos en bus no fue exactamente como yo lo esperaba. Quizás el estar exhausta, dolorida y acuciada por dolores en el estómago tuvo algo que ver en mi percepción. Lo que prometía ser un paseo de 16 horas en bus-cama con pantalla plana se desarrolló como una pesadilla de casi 30 en buses de asientos reclinados imposibles de mover, gente hacinada en los pasillos y la sensación de no poder moverme a riesgo de seguir vomitando. ¿Qué mejor manera de empezar la aventura en un país?

Llegar a la frontera con esta aventura a las espaldas y encontrarte con tasas extras abusivas para los extranjeros y el trato agresivo por parte de los agentes de aduanas no suena muy tentador. Antes de entrar en Laos ya quería irme. No, pensé, ahora no puedo hacer el viaje de vuelta. No me quedaba otra que seguir y aguantar hasta llegar al próximo alojamiento donde caer en una cama y despedirme del mundo por algunas horas. Así llegamos a Muang Khua, sin expectativas y con mucho cansancio acumulado. Nos recibió una calma abrumadora, un ritmo lento y tranquilo. También un calor invasivo, húmedo y pesado. Estábamos en un pequeño pueblo y sin esperarlo encontramos una de las habitaciones más cómodas que jamás hayamos probado en el viaje. Cuando la mujer del hostal nos la enseñó no podíamos creerlo, el universo nos había dado un premio por todo lo vivido antes. Las camas cómodas, una bonita ventana, un baño limpio y nuevo, aire acondicionado,wifi rápido, …. y todo esto a un precio muy económico. Ese día nos tocó la lotería después de todo.

Pasamos poco tiempo allí, queríamos seguir descubriendo el país así que nos metimos en un barquito en el río marrón y bajamos hasta Nong Khiaw. Descubrir Laos es conocer a gente amable y generosa que vive a un ritmo que representa lo que llamamos Slow Life, la vida lenta. Hicimos amigos en el barco, una pareja de irlandeses viviendo en Bangkok y una chica francesa. Todos juntos nos fuimos a comer en Nong Khiaw después de seis horas de viaje en el barco y el culo cuadrado. Ellos nos contaron por qué en esta parte del mundo la gente difícilmente te dirá que no o te contestará negativamente. Se trata de no “perder su cara” (Lose their face). Qué es esto? Pues fácil, no fallar en su respuesta en sociedad. Y esto es muy importante para ellos.

Nong Khiaw siguió regalándonos sonrisas, paisajes de verdes diversos e intensos y ríos marrones. Se nos ocurrió la idea de subir a una de las colinas que rodea el pueblo un día después de caer lluvia intensa. Lo que viene a continuación fue interesante, por no decir loco y arriesgado. La subida a la colina era puro barro y piedras, vertical a modo escalada en la mayoría de los tramos y carente de ninguna seguridad. Salvaje vamos,como nosotras. En varios tramos pensé en dar la vuelta, sentía el riesgo a cada segundo, el barro nos hacía resbalar continuamente sin mucho apoyo a donde agarrarnos. Exactamente como subir una montaña con patines. Y seguimos adelante, sudando a chorros. Dos horas y media después llegamos a la cima, veníamos como de un triatlón, sin aliento. Cuando alzamos la vista todo el camino mereció la pena. Las imágenes abajo lo ilustran a la perfección.

Los días en Laos pasan lentos, bebiendo café y deleitándote con el paisaje y sus sonidos. Varios días después de llegar a Nong Khiaw decidimos movernos a la joya de la zona, la ciudad de Luang Prabang. De nuevo volvimos al bus nocturno de cajones-cama llenos de turistas empaquetados y locales dormilones. En ese viaje entendí cómo de mal lo había pasado estando enferma en el anterior. Si con buena salud es duro, enferma es una verdadera pesadilla. Y de nuevo compruebo mi resistencia, mi fuerza y mi entereza y me siento orgullosa de mi misma. Nací siendo aventurera.

Luang Prabang me sorprende, hay algo mágico aquí difícil de describir. Puede ser el Mekong que baña la ciudad y nos regala unas puestas de sol maravillosas o los cientos de monjes que a las 5 de la mañana caminan por las calles en fila pidiendo limosna para su comida. Uno de los rituales más hermosos que he presenciado. Se celebra todos los días al amanecer, los monjes salen de sus templos en total silencio y descalzos recorren las calles de la ciudad recolectando limosnas, ofrendas de arroz de los fieles que los esperan arrodillados o sentados en el suelo. Es un ritual no hecho para el turista sino para la gente del pueblo y quien se quiera unir desde el respeto. Me encantó la idea de unirme y vivir el ritual. Es algo muy significativo, la humildad lleva a los monjes a pedir limosna para su comida del día. Los lugareños lo hacen como parte de su devoción budista. A su vez los monjes le dan parte de su limosna a los niños más necesitados que con bolsas de plástico lo reciben arrodillados en el suelo a mi lado. Es una rueda que llama a la abundancia y al equilibrio. Estar allí a la salida del sol, sentada en la calle en silencio con el bol de arroz en la mano repartiendo a los monjes es una de las sensaciones de humildad más bonitas que he tenido en mucho tiempo. El budismo me resulta muy coherente y sencillo en sus principios a la vez que honesto y humilde. Los templos de Luang Prabang me inspiraron a la reflexión y a la contemplación. Los monjes con sus hábitos naranjas crean un contraste espectacular con el verde intenso de la naturaleza alrededor. Me infunden respeto, tanto los mayores como los niños. Su devoción me conmueve.

La vida de viaje en pareja va fantástica, Asa y yo nos compenetramos súper bien. Y aprendo mucho de ella, a cuidarme más y a bajar el ritmo entre otras cosas. Ahora mis días son compartidos y llenos de risas y buenos momentos. Mis días en soledad son también preciosos para mí. Como todo en la vida es una cuestión de equilibrios, el de cada uno, en su medida. Aumento mis gastos en comida y cafés pero lo reduzco en alojamientos, ahora puedo compartir habitación con una sola persona y además con una amiga, ¿qué más pedir?

Los regalos de Laos en mi mochila:

El amanecer en Luan Prabang en el ritual de Alms Giving esperando la llegada de los monjes.

El atardecer en Utopia, un chill out en Luang Prabang donde despedimos nuestra última noche en Laos

La receta, el larb, la ensalada típica en Laos (ojo que pica)

INGREDIENTES

– 4 de filetes de pescado blanco.

  • 50 grs de arroz de sushi hervido.
  • 1/2 manojo de cebolletas, troceadas.
  • 1 diente de ajo, troceado
  • 75 grs hojas de cilantro cortadas.
  • 75 grs hojas de menta cortadas.
  • 75 grs hojas de albahaca asiática/tailandesa.
  • 1 cucharada sopera de salsa de pescado.
  • 1 guindilla troceada.
  • 1 cucharada sopera de azúcar moreno.
  • 2 cucharadas soperas de jengibre rallado.
  • 2 limas (zumo).
  • 1 tallo de lemongrass (hierba de limón) a láminas.
  • 1 pizca de sal.
  • Hojas de lechuga para servir.
  • Cacahuetes tostados molidos (opcional).

PREPARACIÓN

Corta el pescado en pedacitos muy pequeños, como desmigado. Vierte el zumo de las limas y déjalo reposar hasta que esté opaco. Cuando esté listo, quítale el zumo de lima sobrante y pon el pescado en un bol.

  • Saltea el arroz en una sartén con aceite y después muélelo con la picadora, cuanto más fino mejor.
  • Añade todos los ingredientes en el bol que contiene el pescado. Mézclalo todo.
  • Sírvelo con hojas de lechuga enteras y rellena estas hojas con toda la mezcla anterior.
  • (Opcional) Espolvorea por encima cacahuetes molidos.

Te puede servir cualquier arroz, pero cuando más glutinoso mejor. Si te decides a hacer la versión con carne, pasa la carne por una picadora. En una sartén, saltéala hasta que esté hecha y escurre el líquido que suelte. Cuando se haya enfriado, mézclala con el resto de ingredientes. También puedes aprovechar carne que te haya sobrado de otra comida para picarla y hacer tu versión carnívora de este plato tan fresco. Se puede servir con o sin hojas de lechuga, con trozos de pepino, con cacahuetes… ¡a tu gusto!

 

 

La leyenda o superstición, dicen en Laos que si se te cruzan unos pollos por la carretera es mala señal para tu día. Si se te cruza una serpiente en cambio la cosa mejora. Para gustos …

La pulsera en el mercado nocturno de Luang Prabang.

Laos, el reino de Lan Xang y tierra del millón de elefantes, me ha dejado un sabor dulce y ganas de conocer más. El inicio me recuerda a Ecuador, a pesar de los muchos inconvenientes de mi llegada tanto el país como su gente se han ganado mi corazón. Volveré a Laos, estoy segura. Y esta vez con tiempo suficiente para deleitarme en su norte y su sur, en su riqueza cultural y en su gente extraordinaria.

Muang Khua

Nong Khiaw

Nong Khiaw Hill

Campeonas en Nong Khiaw Hill

Nong Khiaw Hill

Luang Prabang Ritual

Luang Prabang Ritual

Luang Prabang Ritual

Luang Prabang templo

Bye Bye Laos, volveré

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