Taller Art of Being

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Viviendo el Cabo

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Desde el cielo Ciudad del Cabo se extiende como una ciudad tan organizada, la distribución de las tierras de cultivo, las casas, los bloques de manzana es perfecta como el patchwork de una manta. El caos y la rebeldía del paisaje de Africa ha quedado atrás. Esto es la Europa africana.

En términos sencillos Cape Town es una gran montaña sobre una península. A su faldas se extiende una ciudad que rodea la montaña. Mirando al océano la montaña siempre está cubriéndote las espaldas. No se parece a ninguna ciudad que haya visto antes. La costa es impresionante, igual que las playas y las zonas de viñedos. Me he quedado enamorada de la playa de Scarborough, salvaje en paisaje y de Atlántico rugiendo con ese olor que me transporta a casa.

Simon’s Town

Simon’s Town

Viñedos

Chapman’s Peak

Volver a una ciudad no es fácil después de casi dos meses viviendo en un espacio natural. Volver a dormir escuchando el ruido de los coches en lugar del mar o de los grillos no parece un gran avance. Llevo toda mi vida viviendo en ciudades, más concretamente en el centro de esas ciudades. Y aunque lo sospechara ahora me doy cuenta de la forma de alienación que supone el estar totalmente desconectado de la naturaleza. ¿Cuántos de vosotros habéis pensado alguna vez en iros a vivir cerca de la playa o al campo y luego lo desecháis? Yo infinidad de veces. Siempre pienso que me estaré perdiendo algo, que soy un animal de ciudad, que me va el ritmo de la gente y la actividad a mi alrededor. Mejor me quedo donde estoy. Ahora pienso diferente, qué cambio volver a casa y ver el atardecer o por la mañana el amanecer, o por la noche la luna y las estrellas, o respirar un aire puro. Siento que formo parte de algo más grande.

Gilbert es el anfitrión del aibnb donde me alojo. Tiene una casita a las afueras de la ciudad, en un barrio “de color”(todavía no entiendo por qué le siguen llamando así). Me doy cuenta de los problemas de seguridad que hay en la ciudad nada más llegar, todas las casas tienen fuertes sistemas de seguridad, incluso las aparentemente humildes. Gilbert me lo cuenta enseguida, los robos son diarios tanto en casas como en la calle. Lo de que el apartheid se terminó no es del todo cierto, sí en teoría no en la práctica. Todavía hay muchísimas diferencias latentes en cada sector. Si eres negro o de color no eres bienvenido en muchos sitios, ni tu trabajo es reconocido de la misma manera, ni se te conceden las mismas libertades … Su historia realmente está teñida de sangre, mucha. Es una tierra arrebatada a sus habitantes para luego esclavizarlos y manipularlos, nada que no hayan hecho el resto de Europa con sus colonias, sólo que aquí mucho más extremo. Esa historia dolorosa y muchas otras variantes son las que hacen que aquí, todavía, la frustración sea latente.

En la casita de Gilbert no estoy sola, están Laura y su hija Trinity de Tanzania y también Jen de Wisconsin. Hacemos un grupo muy diverso y las conversaciones son muy enriquecedoras. Hablamos mucho sobre Africa, sus culturas y sobre las diferentes colonizaciones. Tanzania parece ser un país muy parecido a Mozambique en el carácter de su gente, la comida, etc. aunque más desarrollado y más fuerte económicamente. Laura es experta en medio ambiente, con una gran conciencia social. En su casa en Tanzania practica la permacultura, con su propio huerto y sus propios alimentos. Su pareja, Naphtali, es un rasta sudafricano con la cabeza muy bien amueblada. Tiene una marca de ropa propia en Sudáfrica con la que quiere dar valor a las marcas locales africanas. Su hija, Trinity, tiene dos años y es un bichillo tan dulce como inteligente, en dos meses ha aprendido inglés y ya lo habla fluido. ¡Toma ya! Jen es una americana enamorada de los pájaros que va a todas partes con sus prismáticos y su libro de ornitología.

Gilbert nos acoge a todos en su casa, con gusto porque le encanta hablar y conversar. Sabe tanto sobre la historia de la ciudad y de la cultura que en cada lugar al que te lleva lo ilustra con anécdotas, notas históricas o familiares. Es un lujo ver Cape Town desde los ojos de una persona local como él, es ver más allá de la superficie. Siento como si estuviera visitando a un amigo aquí.

Me gusta ver cómo viven los locales en un barrio normal. Los barrios de “blancos” son una mezcla entre Holanda e Inglaterra. Nunca dirías que estás en África. Me surgen sentimientos encontrados al ver una ciudad tan bella con tal dolor y odio. Desde que he llegado siento una incomodidad, una frustración, una energía que me oprime el pecho. Reflexiono mucho sobre ello cada día y quiero ver una luz al final del túnel. Las nuevas generaciones se han acostumbrado a vivir juntos, a ser amigos, a tratarse con igualdad. Confío en que eso traiga un futuro diferente y rico para todos. Unidad en la diversidad.

5 cosas que me llevo de Botsuana

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Mi momento en Botsuana se termina hoy, en unas horas vuelo a Sudáfrica, próximo destino: Cape Town. Botsuana me ha mostrado el África más salvaje, no es extraño que el origen del ser humano empezara en este continente, todavía se refleja aquí el espíritu de la naturaleza en su más puro estado y la conexión entre los seres humanos y las diferentes especies animales. La gente en este país parece seria a primera vista, es sólo una fachada, después de un primer contacto se muestran alegres y comunicativos. Están muy orgullosos de su país y de su cultura, no es casualidad que sean un modelo de estabilidad para sus otros vecinos.

Las 5 cosas que me llevo de Botsuana:

El mejor amanecer que vi: el último día de mi viaje en el delta

 

La mejor puesta de sol, la que contemplé desde el antiguo puente en Maún con una St Louis, la cerveza de Botsuana.

 

 

La receta del plato más delicioso que he probado: SESWAA, hecho en el campamento del viaje por el delta por Temogo, nuestro chef.

 

 

INGREDIENTES

1 cucharada  de aceite vegetal
700 gr de carne vacuna para estofado, cortada en trozos
Sal
Agua, para cubrir
Calabaza
Coliflor
Coles de bruselas

 

INSTRUCCIONES

Precalentar el horno a 140 grados C.

En una olla, calentar el aceite a fuego medio y dorar la carne por todos los lados, unos 10 minutos.
Sazonar con sal, a continuación, cubrir con agua; cubrir la olla y llevar el contenido a ebullición. Coloque la olla en el horno pre calentado durante 2 a 3 horas; la carne debe ser muy tierna.
Triture la carne y sazone con sal adicional, si es necesario.
El líquido puede ser reducido o espesado.

Cocinar los vegetales: calabaza, coliflor y coles. Servirlo acompañando a la carne, en el caso de la calabaza se sirve machacada.

 

Una superstición curiosa. La tribu SAN en África (Bushmen o hombres de los arbustos, que vivían en el delta del Okavango) parecen ser los descendientes de los primeros habitantes de África, los Homo Sapiens. Una de sus supersticiones dice que si ves un meteorito en el cielo por la noche es una lágrima cayendo de la Madre Luna porque un duro día se acerca para alguien de la tribu.

 

 

 

La pulsera de mi etapa en Botsuana con los colores de su bandera.

 

Además de estas 5 cosas me llevo una vivencia alucinante con los animales y con la naturaleza. En Botsuana comencé el viaje sola, ya sin los niños a mi alrededor o Khanimambo para arroparme. He sentido momentos de soledad en estos días, momentos también de miedo en el safari o en las noches de tormenta mientras acampábamos. Barcelona, mi familia, mis amigos y mi vida me han venido a la cabeza, no porque quisiera volver ahora sino porque en momentos complicados su recuerdo me reconforta y me da calor.

Un nuevo país y una nueva experiencia se abre, Ciudad del Cabo y Sudáfrica están por descubrir ¿Os venís?

Into the Wild Africa

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Sentada en un mokoro (barca tradicional en Botswana) observo los canales del delta y lo salvaje del entorno. Esto es realmente el África salvaje, naturaleza en estado puro adonde sólo puedes llegar guiada por locales y asumiendo ciertos riesgos. Los animales son los dueños de este lugar y nosotros somos sólo observadores que tienen que pasar desapercibidos. Tu seguridad nunca está asegurada. Vamos dos mokoros y cuatro personas, mi guía Stuart, la conductora del segundo mokoro Nomsa (si, también hay mujeres), el chef Temogo y yo. Conseguí un viaje para mí sola con un buen descuento al ser temporada baja para ellos. Mi objetivo es ver la mayor cantidad de vida animal que pueda y la suerte ha estado de mi parte.

Después de esta experiencia entiendo perfectamente los programas de Frank de la jungla y los vídeos susurrando para que veamos a los animales. En general en este estado salvaje el acercamiento a los animales es limitado, o bien salen corriendo al verte o puedes ser tú el que salgas corriendo si te ven. Las cebras y los antílopes son de los animales más tímidos que vi, pudimos acercarnos un poco hasta que nos percibieron. Algo muy divertido de las cebras al verte es que todas se giran a mirarte muy atentamente, inmóviles, y de repente salen corriendo como locas. Las cebras, los antílopes y los ñus son buenos amigos, vimos grupos de cebras con antílopes o ñus mezclados entre ellas ¡e incluso una vaca!. Adoptan en su manada a cualquier animal que no quiera matarlas. Buena filosofía. Ellas son el animal nacional de Botsuana en honor a uno de sus primeros presidentes que se casó con una mujer blanca viendo en las cebras y sus rayas bicolor un símbolo de la mezcla en el país. De hecho la bandera de Botsuana es azul (el cielo), blanca ( comunidad blanca) y negra (comunidad negra) representando un país que une a todas las comunidades. Bonito ¿eh?

En estos días he tenido más aventuras con animales que en toda mi vida y he aprendido cosas importantes sobre ellos:

  • Los cocodrilos que están en tierra no te atacarán sino les provocas. Yo casi me hice un selfie con uno. Sólo se sienten seguros en el agua, por lo que olvídate de nadar con ellos.

  • Los elefantes que se mueven en grupos son hembras con sus crías. Los machos se mueven solos y los más adultos son bastante civilizados con la gente. Los jóvenes, al contrario, te atacarán a la mínima de cambio porque aún no han sido educados. El elefante es el rey en este hábitat, ninguno de los otros animales representa una amenaza para él así que campa a sus anchas. En nuestro campamento nos vino a visitar uno durante un par de días y se mantuvo a cierta distancia porque no le gusta el olor a humanos. ¡Menos mal!

  • Los hipopótamos son los animales más agresivos de África, olvidaros del león y demás felinos. El hipopótamo siempre siempre te atacará. Es sorprendente la cantidad de personas que mueren por ataques de hipopótamos. La ultima noche tuvimos la visita de dos en el campamento. Lo único que puedes hacer es quedarte en tu tienda, muy quieto y rezar. Son activos por la noche así que salen de sus charcas a comer. Si estás en su camino y ese día no le molesta mucho el olor a humano se te complica el futuro.

  • Los búfalos se mueven con los ñus y son también bastante agresivos. Se esconden detrás de los arbustos así que al girar cualquier esquina te puedes encontrar con uno. Mi guía iba con mucho cuidado por su experiencia con ellos y aún así tuvimos que salir corriendo ante el ataque de uno de ellos.

  • Los más graciosos de los animales que vi son los pumbas, jabalís pequeños como el del Rey León que tienen el carácter tímido y asustadizo de las gacelas. Los dos saldrán corriendo sólo con darse cuenta de que andas cerca.

  • Los monos babuinos estaban concentrados en un grupo enorme que descubrimos en una de las llanuras. Son bastante inofensivos y no les gusta mezclarse con los humanos a pesar de ser primos.

  • Sin duda alguna mis favoritas son las Jirafas. Recorrimos casi 5 kilómetros andando en una de las islas del delta y finalmente conseguimos verlas. Qué impresión me dio, creo no lo olvidaré en mi vida. Era como si estuviese viendo a una animal prehistórico. Son enormes y preciosas, tan elegantes, tan gráciles. Al principio pensamos que sólo era una comiendo en los árboles de acacia pero luego vimos a todo un grupo que nos miraba. Salieron corriendo, parecía que iban a cámara lenta. Me impresionó tanto que sólo por ese momento todo el viaje a Botsuana tuvo sentido. Era muy tarde y habíamos caminado muchísimo, teníamos que irnos antes de que se hiciese noche. Yo no quería irme pero tampoco pasar la noche en aquella isla tan lejos del campamento. Cuando nos íbamos me giré y las vi mirándome, esperando allí paradas … Stuart bromeaba diciendo que se estaban despidiendo de mí.

 

El delta del Okavango es el delta interior más grande del mundo, son como 18000 km2 de superficie. Imaginad toda la vida animal que se desarrolla allí. Afortunadamente hace años que prohibieron la caza de cualquiera de sus animales y está penalizado con la pena de muerte.

Estos días me he sentido como en las novelas prehistóricas de Jean M. Auel. Observar a los animales en la distancia, predecir sus movimientos, seguir sus pasos, sus excrementos, los restos de sus comidas. Venir a estos lugares es como sentirse testigo de lo que nuestros antepasados vivieron y cómo convivieron con éxito con los animales.

Una tormenta en plena noche sin más abrigo que tu tienda, sentirte vulnerable en el medio de una naturaleza mucho más poderosa que tú, el contacto visual con animales que sólo conoces por libros y el descubrimiento del baobab, el árbol más bello que he visto. Con todo eso me quedo en la memoria para siempre.

Volando voy, Volando vengo. Por el camino … visito Botswana.

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Recién llegada a Botswana en un mini avión desde Johannesburgo me sorprende lo árido del paisaje. El calor es considerable, casi 40 grados en un clima interior. Es la estación más seca y más calurosa aquí. El aeropuerto de Maún es el más pequeño en el que he estado en mi vida, a penas una sala grande donde todo está concentrado: llegadas, salidas, control de pasaportes y recogida de equipajes. Práctico, ¿no?

Por apenas 3 euros un taxi me lleva hasta el hostal, el Old Bridge Backpackers a las afueras de Maún. Se trata de un pequeño camping con un restaurante-bar (y una cocina muy rica) situado al lado del rio. El lugar tiene un encanto especial, el rio le da un toque genial (incluido el peligro de cocodrilos, sin bromas). Todo es verde alrededor, la naturaleza es el decorado perfecto con cantos de diversos pájaros de banda sonora. El ambiente es super bueno, una atmosfera joven y activa aunque no ruidosa. Mi alojamiento me encanta, una tienda de campaña de buen tamaño (casi quepo de pie) preparada con colchón y ropa de cama. He dormido como un bebé, las alucinaciones previas en el viaje con los bichos que podian visitarme por la noche se han disipado. Creo que ya lo estoy superando. ¡Bravo por mí!

Vine a Botswana con dos ideas: volar en avioneta sobre el delta del Okavango y hacer un safari de varios días en barco para vivir el contacto con los animales tanto en el Delta como en la Reserva de Moremi.¡Ya el primer día conseguí mi primer objetivo! Fue un chico alemán el que al oirme hablar con la mujer de la recepción me comentó que había una pareja buscando compañeros para hacer el vuelo, habían puesto un anuncio en el tablón. Así funciona aquí, se buscan compañeros para reducir costes. El buen rollo es latente. Así conocí a Iker y Nagore. Ellos viajan en coche, han pasado por Namibia y gran parte de Botswana con su 4×4 (lo normal en este tipo de viajes en coche es alquilarte un 4×4 con cama encima y así parar donde quieras para dormir). Juntos nos subimos a una pequeña avioneta de 3 plazas más el piloto y sobrevolamos el delta del Okavango. El delta es enorme, inmenso …. el delta interior más grande del mundo. El delta está muy seco en esta época, los animales se concentran en las zonas de agua para beber y pastar. Al principio me parecía que volábamos bastante bajos, hasta que empecé a ver a los elefantes y su tamaño desde donde estábamos … ¡eran pequeñísimos! A medida que nos íbamos adentrando más y más en el delta se veían grupos de elefantes, más allá grupos de gacelas, zebras, bufalos y rinocerontes ¡incluso jirafas! En el agua los hipopótamos se revolcaban chapoteando, los cocdrilos los miraban de lejos. Es una suerte que todavía haya reservas naturales donde esos animales puedan vivir en paz y armonía sin la mano del ser humano sobre ellos.

Botswana es un país ejemplar en África, el único que no ha sufrido ningún conflicto en su historia reciente y el más estable económicamente. Las riquezas de Botswana son sus espacios naturales, para los que filtran el turismo que puede acceder ayudando así a su preservación, y sus minas de diamantes, la de Orapa al Este es la mina de diamantes más grande del mundo. Todavía no puedo hacerme una idea de cómo es la gente en Botswana, el lugar donde estoy está preparado para el turismo y aunque no me parecen tan abiertos como los mozambiqueños tampoco me lo parecieron los habitantes de Tofo siendo un lugar también turísico.

Hasta aquí la crónica de estos dos primeros días, ahora me dispongo a encontrar la manera de ir a la reserva de Moremi y de hacer un safari en barco de unos cuantos días. Os contaré a mi vuelta.

kHANIMAMBO Mozambique

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La noche cae sobre Maputo, veo el sol ponerse esta vez sobre los edificios y no sobre la playa. La llamada a la oración de una mezquita cercana resuena en esta parte de la ciudad. Me recuerda a Estambul, curioso estando al sur de Africa.

Llegué a Maputo ayer en la mañana y mi habitacion de airbnb me tiene enamorada. Nayra tiene un apartamento grande, luminoso, con suelos de parquet y mucho gusto en la decoración. Es un octavo piso en una zona centrica con vistas a la ciudad. Mi habitación es perfecta, cama grande y comoda, todo muy limpio, baño para mi sola con agua caliente y buen chorro. ¡Qué felicidad por tan poco! Y qué poco se necesita para ser feliz.

Explorando la ciudad me doy cuenta una vez más que prejuzgar no es recomendable. Venia con la idea de Maputo como una ciudad sucia, ruidosa, peligrosa y caótica. Es cierto que hay partes de la ciudad en las que dirías que la guerra terminó ayer y no hace más de veinte años, así es la imagen de ciudad destruida.Y al mismo tiempo he encontrado espacios verdes fantasticos, calles limpias y seguras, gente amable y cariñosa y una mezcla de culturas muy interesante.

Mi etapa mozambiqueña está a punto de terminar y tengo la sensación de que ahora empieza mi viaje sola. La despedida en Khanimambo fue alegre, recibi el abrazo de cada uno de los niños, de cada uno de los compañeros del equipo. Su amor me ha llenado la mochila . No me siento triste de despedirme, sino feliz de lo que he vivido, de todas las personas maravillosas que han llegado a mi vida y fuerte para vivir todo lo que venga. Me he despedido de esta etapa y le doy la bienvenida con mucho entusiasmo a la siguiente. Botsuana está a la vuelta de la esquina.

Agradezco mucho a este país y mi experiencia aquí. Gracias por esos niños increibles que he conocido y que me han dado tantisimo amor, desde los preescolares hasta los secundarios, me llevo incontables enseñanzas de ellos. Una de las más grandes es no dar nada por sentado y siempre agradecer lo que se tiene. Khanimambo por esa buena gente que me ha ayudado, mis madrileñas Cris y Ale que tienen un corazón de oro, el equipo de la fundación por todo su apoyo, mi compi Didi que se convirtió en mi amiga desde el minuto uno de conocernos. Obrigada por todo lo que he disfrutado de las playas kilométricas y paradisiacas de este país, nunca me he visto tan morena ¡en Octubre! Qué decir del hecho de retomar mi gallego y mejorar mi portugués. Me voy cuando empezaba a hablar changana. Volveré, seguro.

Termino con varias cosas que haré en cada país, empezando por este: el mejor amanecer y atardecer que he vivido, la receta del plato más delicioso que he comido, una superstición curiosa del país y la pulsera que me llevo representando esa etapa para el resto del viaje.

 

 

Amanecer en Praia de Xai-Xai

Anochecer en Quissico

Receta de Matapa

Ingredientes

  • 250 gr de hojas de mandioca

  • 1 coco grande

  • 1 kg de cangrejo limpio y cocido

  • 5 dientes de ajo

  • 3 piripiris (si gustan)
  • 4 tomates cortados en dados
  • 1 cebolla pequeña cortada en dados
  • 1 cucharada de sal
  • Zumo de un limón

Preparación

  • Lave las hojas y dejelas secar

  • Ponga ajo, piripiri, sal y las hojas en un mortero

  • Machaque todo bien y coloque todo en una olla dejando hervir 30 minutos

  • En cuanto la matapa empiece a hervir, machaque el cacahuete, ralle el coco y retire el cangrejo de la concha

  • Después de 30 minutos hirviendo añade el tomate y la cebolla

  • Prepara entonces la leche de cacahuete y coco

  • Echa este liquido en la matapa y deja hervir durante una o dos horas

  • Finalmente junta con el zumo de limón, retira del fuego y sirve aún caliente

  • Se come normalmente con arroz

Superstición de los calvos. Existe la superstición en algunas partes del país que dice que todos los calvos son ricos y que tienen oro en la cabeza, eso lleva a situaciones bastante comprometidas en algunas zonas como profanación de tumbas o secuestros de hombres de estas características. Si eres calvo y pensabas venir a Mozambique piénsatelo dos veces.

Pulsera de mi etapa mozambicana

Y hasta aquí la crónica desde Mozambique. A partir de mañana …Tic Tac Tic Tac … proximo paso:: Botswana y su Delta del Okavango. Cocodrilos, elefantes e hipopótamos ¡allá voy!

¿Qué se come en Mozambique?

Eating and Drinking

Recuerdo mi primera comida mozambicana, en el comedor de Khanimambo, preparada para cualquier receta y expectante a cómo me lo servirían. El arroz con “feijao” acompañado con una rica ensalada se me antojó lo más equilibrado y sabroso que podría haber esperado. Os confieso que tenía un poco de dudas sobre si iba a disfrutar o no la comida aquí. Mi última etapa antes de marcharme me lancé a disfrutar de la comida y bebida pensando que en mi viaje de “presupuesto reducido”no habría un buen plato de comida o una gota de alcohol. Bien, ahora os lo puedo confirmar, me equivocaba.

Las comidas aquí son sabrosas y se come con hambre, mucha hambre. El respeto a la comida se nota cuando es una necesidad básica que no está cubierta, así que no se da por hecho que siempre habrá y cuando hay se agradece. Mis experiencias culinarias se dividen en lo que he vivido fuera y dentro de Khanimambo.

En Khanimambo se hace un menú semanal equilibrado y variado. Algunos de los platos son nshima con carapao (pescado muy común en la zona), arroz y couve con camarao (el couve es un vegetal tipo acelga), espaguetti con huevo duro o arroz con feijao. Como veis el arroz es una acompañamiento muy socorrido aunque ellos siempre prefieren la nshima (polenta) por llenar más la tripa.

Arroz con feijao

Nshima con carapao

Arroz y couve con camarao

Las mamás de la cocina hacen todo con un amor infinito y todos los trucos pasados de abuelas y madres a hijas. Ellas han sido mis madres aquí. Cada mañana un beso, un abrazo y una sonrisa de cada una de ellas. Os las presento una por una: Mamá Celina, Mamá Atalia, Mamá Hortensia, Mamá Lucia y Mamá Guida.

 

Mamá Celina

Mamá Atalia

Mamá Hortensia

Mamá Lucia

Mamá Guida

Lucia es la panadera, es la primera en llegar a Khanimambo y ponerse manos a la masa de madrugada. Cuando llega el equipo y los niños sus bollitos de pan están recién hechos para el desayuno. Tuve la suerte de acompañarla y vivir la experiencia. No os cuento más, os lo enseño.

 

Fuera de Khanimambo he comido ricos camaraos (gambas), pulpo, ostras y lulas (calamares). Todo lo que sale del mar es fresco, sabroso y muy barato. ¡Esto es un paraíso para mí! El plato estrella de Mozambique es el pollo a la brasa, no sabéis lo alucinante que lo preparan. Y otros platos tipicos y muy recomendados los probé en Tofo. Son el carril de frango (guiso de pollo) y la matapa (hojas de mandioca machacadas con cacahuete, tomate, langostinos, cebolla y leche de coco). Una imagen vale más que mil palabras.

               

Ostras en Praia Velha

Matapa y Carril de frango

Camaraos y Lulas en la playa

Para haceros un resumen muy claro, en Mozambique se usan los productos de la tierra base de la cocina africana como la mandioca, boniato, cacahuete, anacardo, mango, papaya y coco; y se mezclan con los productos del mar (langostinos, langostas, ostras, etc). Y para terminar deciros que en una mesa mozambicana no falta el piri-piri, su chile picante, y muchas risas.

Viviendo en comunidad

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Cuando visitas un nuevo país y quieres conocer su esencia y no sólo su fachada necesitas vivir en comunidad. Esa experiencia te da las claves para entender los por qué de tantas cosas. Y para vivir en comunidad necesitas ser afortunado de encontrar a quien te acoja. En Mozambique eso es fácil, este país te acoge nada más llegar y te abre sus comunidades si muestras interés. Un mozambicano te invitará a su casa y te ofrecerá su amistad ante el primer gesto de simpatía por tu parte. Para mí ellos han sido grandes maestros.

Pues bien, como yo soy de las muy afortunadas al pertenecer a la comunidad de Khanimambo pude vivir estos días experiencias en comunidad que recordaré para siempre. Primero fue la visita al mercado con Tía Guida. Ella es de esas personas de sonrisa perpetua y corazón transparente. Fue la primera en invitarme a su casa cuando llegué, una construcción local mozambicana llena de encanto, limpia y muy ordenada. Ella solita ha conseguido mantener a su familia y construir su casa. Su historia es la de una mujer valiente y capaz a la que la vida le ha puesto retos que ha superado más allá de sus expectativas. Tía Guida desborda amor, ella ha sido como mi hermana mayor aquí. Me encantaría que las dos se conociesen porque ambas son de esas personas de energía brillante y cálida que hacen la diferencia en este mundo.

Guida me llevó al mercado local. Allí paseamos por todos los puestos donde las mamás ofrecían sus preciados bienes: mandioca, bananas, naranjas, tomates, pepinos, batata dulce, …. ¡qué maravilla de materia prima! Y casi todo por 20 meticais cada 5-6 piezas, eso son menos de 0.30 céntimos. ¿Os imagináis lo ecológicos que son estos productos y a lo que se venderían en España? Mi hermana encontraría aquí su mercado ideal aunque necesitaríamos un camión para desplazarnos. Me llevé una buena compra de allí y feliz de comprarles a esas mujeres curtidas de “machamba” (campo de cultivo). En Mozambique son las mujeres las que trabajan el campo, las que cuidan a las familias (casi siempre solas) y las que más sufren. Creo que este comentario podría valer para toda África y para casi todo el mundo rural. La mujer africana es muy fuerte, vive realidades más duras de las que nunca nos podríamos imaginar y es un ejemplo para sus hijos. Esto no le impide ser alegre, dinámica, divertida y orgullosa de quien es. Me quito el sombrero con ellas.

Al día siguiente del mercado fui invitada a una celebración religiosa en la que participaba la hija de un compañero de Khanimambo. Era su comunión. Y yo recordé la mía. No soy una persona religiosa y creo que con el respeto todos podemos convivir de la manera más pacífica. Aquí en Mozambique conviven religiones como la cristiana, la musulmana , los hindúes, testigos de Jehová y las religiones animistas de creencias ancestrales que son la mitad de la población. Aquí se cree mucho en las prácticas del ocultismo, los brujos todavía hoy reciben más consultas que los médicos. En este país se convive con respeto y tolerancia ante todas esas diferencias.

Me encantó ser invitada a esta celebración, sobretodo a la parte en casa de la familia. El ritual en la iglesia se parece mucho al de España, aunque el baile africano lo llena de color. La comida se celebró en casa de la familia. Una sencilla y humilde casa convirtió su parte exterior en un maravilloso salón de fiesta donde comimos platos tradicionales como el carril (un guiso con carne y frijoles) o la nshima ( un tipo de polenta muy usada como acompañamiento al llenar bien la barriga) regados con cervezas mozambicanas (Manica, 2M) e incluso vino. Hubo baile, risas, canciones, regalos y hasta tarta. Me emocionó especialmente ver cómo la importancia recaía en compartir el momento juntos, en aprovechar la ocasión para hablar y agradecer. Los regalos eran secundarios, podían ser una capulana o una canción dedicada y todos eran muy apreciados. Los bailes, las canciones y los cánticos lo llenaron todo y no dejaron espacio a nada que no fuese auténtico. Me sentí una más de esa familia, de esa comunidad. Me recordó a las comidas en casa de mis abuelos donde las mamás cocinaban, los mayores cantaban y los pequeños jugábamos. Las celebraciones eran un punto de unión y de reunión.

Mi vida en las últimas semanas en Mozambique se ha llenado de compañeros de camino, además de mi familia Khanimambo a mi casa en la playa han llegado nuevas voluntarias como yo con las que comparto mi día a día. Especial agradecimiento al destino por una de mis nuevas compis, mitad española y mitad mozambicana con la que he conectado desde el primer momento. Su historia es un precioso relato de amor y de encuentros, de diferentes orígenes y de una búsqueda personal. Una persona que es todo corazón y con la que me une ya una amistad de las verdaderas. He disfrutado enormemente de mi mes de soledad y ahora estoy disfrutando de mis semanas acompañada. Todo tiene su momento y este viaje es el mío en todos sus matices.

Pongamos que hablo de Tofo Beach

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Dejadme que os traslade a mi momento presente. Son casi las 5 de la tarde aquí, llegué a casa de Khanimambo hace un rato y después de una ducha relajante (¡eureka! Hoy tengo electricidad y agua caliente) me he sentado con mi café y mi pan a escribiros y describiros mis últimas andanzas. Afuera llueve, así ha sido estos días, aquí estamos en primavera y al igual que es España decimos “en abril aguas mil”, aquí será algo como “en Septiembre llueve siempre”. O eso me imagino yo.

Mi último fin de semana ha estado lleno de aventuras. Era un fin de semana largo al ser el lunes festivo así que decidí conocer algo un poco más lejos de lo que había hecho hasta ahora. El destino era Tofo, la playa más hippie y activa de Mozambique. No os voy a mentir, el viaje fue todo un periplo. La chapa que me llevaba en el tramo más largo tardó casi tres horas en llegar por causa de un accidente en un tramo anterior. Todo el tráfico se paró en la única carretera nacional que pasa por casi toda la costa. Durante ese tiempo yo esperaba y esperaba en la parada, a mi lado un chiquillo que vendía recargas telefónicas hizo las veces de ángel de la guarda. “No te preocupes, yo te aviso cuando venga. Va a venir pronto. Yo siempre estoy aquí y siempre lo veo pasar. Vete a sentar, llevas mucho tiempo de pie”. Fue mi compañero en una espera eterna. Esa chapa me llevaba hasta la misma playa de Tofo, que era mi destino final, pero decidieron en Inhambane (la ciudad más cercana a Tofo) que mejor se quedaban allí y nos metieron a mi y a otra mujer con sacos y una niña pequeña en otra minichapa destino a la playa. Ahí viví una escena que no olvidaré. Entre los chicos de las chapas hay un código, amistades, contactos etc. Se van pasando pasajeros y se van haciendo favores. Pues bien el de la chapa siguiente podía hacer el favor de llevar a la señora de los sacos y la niña pero por mí quería que pagase más, el otro se negaba respondiendo qué tipo de lógica era esa, y en ese momento vino la frase que me conmocionó: “¿Qué pasa, los blancos no son personas?”, estaban peleándose por una muestra de racismo hacia mí. Esa fue la primera pista de que la relación entre los locales y los extranjeros en esa zona no era como lo que yo estaba acostumbrada aquí. Pero dejemos esto a un lado, os seguiré contando sobre ello más adelante.

Al llegar a Tofo, casi 9 horas después de haber salido de casa esa mañana, descubrí un lugar que estaba lejos de lo que podía haber imaginado. Primera sorpresa, ¡había restaurantes! En ellos por supuesto solo había extranjeros y estaban ambientados en el estilo rústico local. Os puede parecer mentira pero lo más cercano que yo he visto aquí a un restaurante es a modo de chiringuito de playa. Segunda conmoción, ¡estaba lleno de blancos! La fauna de Tofo se compone de expatriados europeos, gremio de surferos y buceadores y alguna gente local. La sensación de estar en un burbuja era tal cual la que yo tenía. Tercer punto asombroso ¡Todo estaba lleno de Lodges y hoteles, era como un gran resort! Todos con vistas a la playa, de hecho en la misma playa prácticamente. Vamos un paraíso para los veraneantes occidentales que quieren relajarse con un todo incluido pero no mucho conocer la problemática de la comunidad que los rodea. Todo está preparado para ellos, no necesitan adaptarse a ninguna costumbre o realidad local. Mis sensaciones eran muy confusas. Después de haber vivido el Mozambique real esto me parecía un paraíso de comfort y al mismo tiempo un decorado de cine, una realidad lejos de lo que el país y su gente son.

Desde mi habitación en un airbnb humilde, cómodo y limpio podía escuchar el mar casi a mi lado, ver las estrellas en la noche clara, descansar del viaje y digerir la nueva experiencia. Fue un fin de semana lluvioso que aproveché paseando mucho, dándome el capricho de un restaurante después de un mes de presupuesto reducido y asistiendo a un pequeño concierto de una gran voz de mujer africana.

El fondo marino en Tofo es uno de los más recomendables para bucear, yo lo intenté por primera vez en mi vida y la presión en el pecho más el mareo no me permitió bajar muchos metros pero conseguí estar a pocos metros de las ballenas, casi las podía tocar! Eso ya me valió la experiencia. Y el buceo … bueno, lo probaré en mares más en calma.

Intenté charlar con la gente de la comunidad que me encontré, pero no estaban muy abiertos y lo entiendo. Imaginad que unos extranjeros llegan a vuestra tierra, explotan vuestras playas con sus propios negocios y casi nada del beneficio llega a mejorar la comunidad. Las dos partes tienen sus razones y el entendimiento entre ellos es poco. Aún así conseguí hacer algún amigo paseando por la playa. Joao tiene 13 años, vive cerca de Tofo y va a la escuela en su comunidad. Los fines de semana vende pulseras que hace él mismo en la playa de Tofo. Nos encontramos paseando en direcciones contrarias en la playa y nos quedamos charlando. Me dí cuenta de lo afortunada que soy de vivir este país como lo he vivido hasta ahora, trabajando mano a mano con la gente local, disfrutando de sus costumbres, de su respeto y de su amor.

El viaje de vuelta fue menos largo que el de ida, aunque también fue una peripecia. En este caso el rol de ángel de la guarda lo hizo Sergio, un hombre que me llevó hasta Maxixe, otra ciudad cercana desde donde salen más chapas y más rápidas. Para cruzar a Maxixe es necesario coger un barco, en realidad más bien es una cáscara de nuez que lleva alrededor de 100 personas en un tramo que dura unos 20 minutos. Allí con ellos yo era, por supuesto, la única extranjera. Ellos me miraban divertidos, yo los observaba embobada. Me encanta ver cómo visten con tantos colores, cómo el pelo de ellas (todo postizo) se arregla en peinados de lo más complejos, cómo sin conocerse de nada ya se están riendo juntos. Es fascinante cómo las relaciones humanas varían tanto de país en país. Cuanto menos desarrollado económicamente más intensas y auténticas son las relaciones entre las personas, y al revés. ¿Será quizás que el desarrollo económico nos resta humanidad?

Al llegar a la playa de Xai-Xai me sentí de vuelta en casa y cuando volví a la mañana siguiente a Khanimambo me esperaban los abrazos de los niños gritando “¡Tía María!” y corriendo hacia mí. Y ese amor … ese amor lo vale todo.

Tía María

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¿Cómo es mi día a día? ¿Cual es mi aportación en Khanimambo? ¿Cómo es vivir esta experiencia? Algunas de las preguntas que están en vuestra mente. Os lo voy a contar con más detalle.

Khanimambo es una familia, mi familia aquí, y me siento acogida, arropada y cuidada. Desde los educadores, la administración, las mamás de la cocina, las de la enfermería, todos me tratan como a una más, se preocupan de que esté bien. Me piden ayuda, nuevas ideas que los puedan hacer evolucionar en su asistencia al desarrollo de estos niños. Trabajan como un gran equipo, se respetan entre ellos y están abiertos a las sugerencias de todo el mundo. Creo que en muy pocas ocasiones incluso en mi vida profesional me he encontrado con un equipo así.

Aquí la manera de tratar a alguien con respeto es llamarle Tio o Tía. Desde que llegué yo soy Tía María. Claro que os estáis riendo tal como yo me reí el primer día. Ahora ya estoy acostumbrada y de hecho me encanta ser Tía María para ellos. En este país hay muy pocos blancos, tanto es así que me paran por la calle para hacerse fotos conmigo. Somos un gran desconocido para ellos y su curiosidad es genuina cuando te preguntan sobre tu vida. Les divierte mucho compartir momentos contigo, conocerte y saber tu perspectiva. Inlcuso los niños no se cansan de tocarme la cara y el pelo fascinados. Aquí yo represento lo exótico.

Me levanto muy temprano por las mañanas, antes de las 6h ya estoy en pie. Tengo el tiempo justo de prepararme, tomar un té y salir de casa. Mi paseo matutino de 35 minutos hasta la fundación me encanta, es uno de los momentos más especiales del día. Mientras camino me acompañan el sonido de los pájaros, el olor a leña de los desayunos preparados al fuego y los buenos días de todas las personas que me cruzo. A algunos de ellos ya los voy conociendo. Camino por la carretera principal, los niños pequeños que esperan el autobús me saludan con sus manitos desde la parada gritando “¡Bom dia Tia Maria!”. Es una manera genial de empezar el día. Os puedo decir de cada mañana me encanta levantarme.

Nada más llegar a Khanimambo los niños de preescolar corren a abrazarme, me cuentan cómo están y cómo fue su día o su fin de semana. Yo les abrazo, les cuento cómo estoy yo, los inundo de besos y los envío a la fila para el desayuno. A las 7h se empieza a servir el desayuno en el comedor, y todos hacemos la tarea de servir a los niños, mantener la calma y la limpieza, organizar el ambiente. El respeto que estos niños tienen a la comida no se ve a menudo. Me doy cuenta de que esa vieja escuela en la que me educaron en casa es justo en lo que se educa aqui: el respeto, el cuidado, la importancia de la comida, las responsabilidades desde pequeña. Aqui los niños tienen sus responsabilidades, todos limpian sus platos y sus cubiertos, todos aprenden a tomar en baño y a lavarse antes de comer.

Dependiendo del día mis actividades varían. Los lunes ayudo a los otros profesores y preparo mis actividades de la semana. Los martes son los días de clases de inglés, les encanta aprender inglés y agradecen mucho que los ayude. Los miércoles los dedicamos al taller de dibujo de expresión, se ve claramente que a medida que pasan las semanas se meten más y más fácilmente en el juego de pintar, su concentraci ón va en aumento. Más tarde ese día hacemos una actividad sobre los diferentes países, sus capitales, situación en el mapa, musica y danza de cada uno. Lo he diseñado para ellos sabiendo que les encanta bailar y eso les motiva, la última semana bailaron desde un vals de Viena hasta un palm-wine de Angola o una Zorba griega. ¡Está siendo un éxito! Los jueves ayudo en diferentes áreas sea cocina, enfermeria, etc. Los viernes termina la semana con los talentos, por las mañanas soy alumna aprendiendo a coser carteras hechas de tela de capulanas y por las tardes les hago un taller de lectura. Cada día es un nuevo descubrimiento, me están enseñando tanto … dificil explicarlo.

Esta semana en la enfermería cuidé a un niño con malaria. Laosiano tiene diez años, es un niño timido, inteligente, de grandes ojos y sonrisa luminosa. Su profesor, el tío Idalio lo trajo porque lo encontró llorando en el patio. Le dolía la barriga y se encontraba muy mal. Efectivamente vimos que tenía fiebre y que temblaba con frio. Todos sus síntomas eran de malaria, le dimos un jarabe para bajar la fiebre y le dejamos descansar. Me quedé con él acariciándole la espalda mientras descansaba y hablándole un poco para consolarlo. Las realidades de estos niños son muy complicadas, en sus casas la pobreza es extrema, son afortunados si tienen a algún familiar que se ocupa de ellos, gran parte son huérfanos y no tienen otro sitio donde los cuiden si no es en Khanimambo. Aqui se les da un amor, un cariño y un cuidado que no podrían tener fuera. La muerte es algo muy común, ante la enfermedad reaccionan estoicamente, con aceptación, no se quejan, no patalean … son niños muy fuertes.

Después de Laosiano vino Eva, otra niña con malaria. Cuando la fiebre les bajó les dimos su comida (a veces la unica que tienen) y los enviamos a casa para que fuesen al hospital con sus familiares. Al día siguiente Laosiano volvió con su madre, después de 10 horas esperando en el hospital confirmaron que tenía malaria y le dieron su tratamiento. No podía dejar de abrazarle y de hablarle. No os puedo explicar bien la ternura que me inspiró este niño y lo que aprendí de él. Creamos un vínculo especial entre los dos. Son esos momentos en los que te das cuenta de inmediato que lo que está pasando es algo mágico y único.

Viviendo sin filtros

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Llegué a Quissico en chapa, este se ha convertido en mi transporte predilecto. A pesar de las incomodidades de ir apretado en una minivan con otras 20 personas resulta fascinante y maravilloso compartirlo con la gente local, que es la esencia de la zona. Por poco que les hables recibes un cálido saludo, aqui y en todas partes la amabilidad y el respeto llaman a lo mismo de vuelta.

Quissico es un pueblo muy colorido y muy activo, al menos así lo ví el sábado por la mañana. Quedé con Leonardo en la Pousada Matiquite. Allí sentadas en un banco esperando a mi lado estaban las mamás africanas vestidas con sus capulanas y sus pañuelos de colores vivos en la cabeza. Los sacos de arroz permanecían a su lado, los mismos que cargan luego sobre la cabeza. Me fascina cómo pueden llevar esos tremendos pesos sobre sus cabezas con esa gracilidad. Conversaban y reían mientras esperaban la partida de la chapa y yo era su observadora indiscreta.

Leonardo llegó rápidamente, me acompañó a un transporte que me habia preparado para llevarme hasta el Lodge. Leonardo es un tipo tímido, dulce y callado. Como buen mozambiqueño tiene un corazón enorme y siempre una buena palabra. Él trabaja como encargado de Lagoa Eco Lodge. Me dejó con Xico, el conductor de la pickup que me recogió para llevarme a la laguna. Xico, el director de la escuela de la comunidad de la laguna, se dedica al transporte los fines de semana, aquí es necesario el plurempleo para sobrevivir, seas quien seas. Llegar aquí desde la ciudad es toda una aventura, y el coche debe ser un todoterreno, los caminos son un desafío. A pesar de la belleza de esta zona el turismo no ha llegado mucho hasta aquí. Xico y yo coincidimos en que no compensaria una afluencia excesiva de turismo que destruyera parte de los recursos naturales que hay aquí. Esta comunidad, como muchas otras del país, tiene una vida sencilla y pacífica, sus gasto de vida es muy bajo, su alimentación se basa en lo que la naturaleza y el mar les da. Y son muy felices así. Los dos nos preguntamos si un equilibrio sería posible, yo me temo que los seres humanos tendemos a los extremos.

Hace tiempo que no estaba en un silencio tan pacífico sólo interrumpido por los sonidos de la propia naturaleza: el agua del lago al moverse, el viento moviendo las hojas de palmera, el zumbido de los insectos revoloteando (insectos de tamaño industrial debo añadir).

Es casi irreal estar aquí. Me confirma que el contacto con la naturaleza en nuestro día a día es esencial. Le da al ser humano una felicidad incomparable, el sentimiento de ser parte del mundo.

Ahora mismo soy la única persona aquí y la intimidad que experimento se me hace difícil de conseguir si no es en lugares tan lejanos como este. Los paraísos perdidos escasean y suelen estar en zonas poco desarrolladas. Le dejo a cada uno que reflexione sobre ello.

Nada más llegar he dejado mis cosas, me he puesto el bikini y me he zambullido en el lago. Imaginad ser los únicos bañándose en un lago como este, los únicos en el Lodge … bendita intimidad. Me está recargando la mente, el cuerpo y el alma. Qué delicia secarte al sol mientras escuchas el ritmo de las olas.Nada rompe esta armonía, solo mis movimientos e intento que sean sutiles para disrutarla. En breve llegará un grupo de doce personas al Lodge así que disfruto al máximo de mi momento sola.

Después de comer tomo rumbo a la playa. Camino una media hora por un sendero que pasa por los chamizos de la comunidad, las vacas pastando me miran curiosas, los lugareños me saludan y los niños corren hacia mí para ver a la novedosa extranjera. Sigo el camino bajo un sol intenso, sigo y sigo caminando hasta que dudo de haberme equivocado de sendero. Y justo cuando pensaba en dar la vuelta ví el final y la playa…

¡Qué vuelta a la infancia! Esa playa me recuerda a mi playa, a San Jorge, donde pasaba los veranos, donde mi padre construyó su palacio. Una playa salvaje, de mar bravo en la zona curva. La playa de Quissico es como mi playa. Unos niños juegan con las olas cuando llego. Me miran curiosos, se van a la arena, detrás de mi, observándome atentos. Dejo mi mochila en la arena, me descalzo, me saco el pantalón y la camiseta y me voy a jugar con las olas. Estoy poco tiempo sola, todos me acompañan en ese baño. Jugamos juntos con las olas. Nos reimos cuando cada uno se cae, yo incluída. No nos hizo falta hablar, ni contarnos quienes éramos, compartimos ese momento mágico juntos y luego nos despedimos. Me quedo sola, sigo bañandome, jugando con el mar … y cómo lo disfruto. Es un mar bravo, violento, de fuertes corrientes, al que hay que tenerle respeto. Y es un mar juguetón. Estoy sola en una playa quilométrica, escucho un grito saliendo de mi garganta, y luego otro y otro más. Le grito al mar, o a la vida, o al pasado o a mi misma. No lo sé. Siento alivio, liberación, me siento ligera.

 

Una pequeña figura se ve a lo lejos, le lleva tiempo llegar a donde yo estoy bañándome. Es un hombre que va a pescar. Se para a hablar conmigo y me cuenta su historia. Es policía en Inhambane y viene a Quissico a pescar los fines de semana. Junto con otros dos compañeros dejan las redes mar adentro y las recogen a la mañana siguiente. Llegan a pescar diez piezas grandes cada vez. Las venden los domingos en el pueblo. Curiosamente en una playa semidesierta en Mozambique vivo mas interacciones que en una playa abarrotada de España.

De vuelta al Lodge el atardecer comienza su descenso, el sol en Africa parece una gran bola incendiada, parece más intenso que en cualquier otra parte del mundo. El grupo de españoles me cuenta su historia, yo les cuento la mía. Charlamos cerveza en mano hasta que el sol ha desaparecido y la via lactea ocupa el cielo. Y qué cielo … da la impresión de que todas las estrellas del mundo han aparecido y forman un tapiz que nos cubre.