Taller Art of Being

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Te invito a conocer Bilene

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Hoy me levante antes de que amaneciese, quería aprovechar mi fin de semana y celebrar mi primera semana de viaje con una primera excursión. Ya os he contado lo que son las chapas, pequeñas minivan (destartaladas la mayoría) que hacen los recorridos entre ciudades por un precio muy económico. Pues hoy cogí tres de esas y después de más de dos horas llegué a un paraíso llamado Bilene. Y mereció la pena.

Este paraíso natural me dejó sin palabras. La playa está al borde de la Laguna Uembje, separada del Océano Indico por un largo y estrechísimo banco de arena. Diferentes complejos turísticos “a lo rustico” la bordean. Tanto si quieres quedarte unos días como si solo haces una excursión como yo merece la pena. Imagínate el planazo de comerte una carne o un marisco a la plancha y disfrutar de la calma en la playa. Incluso si te apetece hacer deporte acuático tienen una oferta increíble.

Cuando la chapa me dejó en la zona de la playa me dediqué a investigar los alrededores, toda la pequeña carretera que pasa por detrás de los complejos que dan al lago. Es necesario meterte por pequeñas calles para ver cada parte de la playa. La gente de Bilene trabaja en los complejos o en los pequeños puestos y tiendas que se extienden por la carretera. Aqui puedes encontrar muchos recuerdos, las capulanas (las faldas que llevan las mujeres) es lo que más me gusta. Los colores, los motivos, los estampados, ¡son toda una inspiración! Se me ocurren mil maneras de utilizarlo en prendas (defecto profesional).

Tras mi paseo por las tiendas y las charlas con la gente llegué a un complejo que me gustó especialmente y que da a una pequeña y encantadora playa con un pinar. Allí decidí sentar mi base. El restaurante tenia una terraza a la playa por lo que era perfecta para mi plan. Les reservé la comida para que la tuviesen lista a una hora y me fui a la playa con mi zumo. Qué lujo es poder acostarte en esa arena super blanca, el único sonido el de los pájaros, la playa casi desierta y tú con tus pensamientos.

Después de unas horas de playa, sol y baño me fui a la terraza del restaurante a comer. Me sentía como una persona realmente rica, y eso que la comida me costó menos de 5 euros. Aquí la vida, los precios, las prioridades son otras muy distintas.

Los niños en Bilene hacen barquitos con las hojas de palmera y se los ofrecen de regalo a los visitantes. En general en Mozambique no es común que la gente te pida dinero o comida aunque lo necesiten con urgencia. Al contrario, te ofrecen siempre un saludo de corazón y una sonrisa de par en par. Mozambique tiene el nombre ganado, es el “país da boa xente”. Además la naturaleza les ha regalado unas playas y unos paisajes fuera de serie. Este es un país que merece la pena, un paraíso todavía sin explotar.

Khanimambo o el Arte de dar Amor

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Llegué a Khanimambo una mañana temprano, después de un paseo desde mi casa en la playa. Aquí me levanto con el amanecer y me acuesto con la luna llena sobre el océano, mi sueño lo arrulla el ruido del mar. El tiempo se para, los horarios los marca la naturaleza.

La dimensión del centro de Khanimambo sorprende nada más verlo, varios edificios pintados de blanco y verde con mensajes de inspiración en las paredes, un jardín en el centro, decoraciones manuales por todos los rincones. Aquí se respira alegría, cariño, valores, cercanía y cuidado. Khanimambo es un oasis en el medio del desierto de la pobreza.

 

 

 

El equipo que lo conforma, la mayoría gente local, te reciben con los brazos tan abiertos que su abrazo se siente incluso antes de cruzar la puerta. Los guía el amor y el respeto por lo que hacen, saben lo mucho que significa y la importancia de su tarea para los niños.

 

(Foto Fundación Khaminambo)

El primer abrazo que yo recibí en ese primer día fue inesperado. Estaba parada de pie en el comedor, un poco perdida y observando todo con asombro cuando noté que alguien estaba delante de mí, era un niño de unos tres años levantando los brazos y mirándome con un amor sin condiciones. Sólo quería abrazarme, lo cogí y otros seis niños vinieron en busca del mismo abrazo. El amor que esos niños te dan cuando vienes aquí no conoce barreras, ni edad, ni género, ni color, ni condiciones. No les interesa lo que haces o tu historia, les interesa darte amor y recibirlo de tu parte. Un intercambio tan puro y tan raro hoy en día. Ellos lo aprenden aquí, el amor por los demás, el respeto, el cuidado. Aquí la gente es rica en Amor, lo reparten en abundancia y eso lo incrementa cada día.

 

(Foto Fundación Khaminambo)

Los 300 niños que están aquí viven el milagro de Khanimambo, fuera de su realidad cotidiana que es increíblemente dura. Con las ayudas de socios, padrinos y colaboradores aquí hay 300 niños que comen, aprenden, ríen y juegan. Sus familias son conscientes de lo afortunados que son con esa ayuda. Hace diez años que Khanimambo está activo y ya algunos de esos niños están siguiendo sus carreras profesionales. Se dice que para ayudar a alguien es mejor darle herramientas para que hagan por ellos mismos, no hacerlo en su lugar. Los niños son las herramientas que Khanimambo está dando a esta comunidad y os aseguro que marcan la diferencia.

 

 

 


(Fotos Fundación Khaminambo)

Estoy asombrada de lo que veo, orgullosa de lo que aquí se hace y se vive, todo el dinero que reciben lo destinan al cuidado de estos niños. Nadie se beneficia salvo ellos. Y es de una manera organizada, responsable, respetuosa y humilde.

Os invito a que reflexionéis un poco, que miréis su página web y si en el fondo de vosotros se mueve algo colaborad, de la manera que prefiráis,

 

 

Khanimambo significa Gracias

 

Desde Mozambique con Amor

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Desde mi nueva morada en la playa de Mozambique y disfrutando de una puesta de sol espectacular intentaré trasladaros lo que se siente en un momento como el que vivo.


Mozambique es un país muy interesante por su historia, paradisíaco por sus playas y asobroso por su gente. Nada más llegar al aeropuerto me recibieron expresiones como sea bienvenida a nuestro país del chico que ayudaba con los coches en la entrada. Cuando llegas a Mozambique te recibe una sonrisa general. Para que os hagais una idea de cómo son los mozambiqueños tienen un medio de transporte (a falta del público) que se llama “My Love”. Si si lo que oís, es una camioneta sin techo en la que van de pie cantidad de personas y para no caerse se agarran los unos a los otros (sean pareja o no! ;)). De ahí que lo llamen “My Love” y se mueran de risa contándotelo. El carácter aqui es festivo, amable y cercano.


Tengo la gran suerte de colaborar con una ONG aquí que me facilita una preciosa casa al lado de la playa con todo lo necesario . El ambiente es rural, las casas son humildes y los medios reducidos. Auténtico, muy auténtico. El guarda de la casa, Agostinho, y su familia viven a mi lado. Compartimos el jardín por el que se pasean la gallina de Agostinho con sus pollitos.

 


Cuando me asenté en la casa y dí el primer bocado del dia, todo sea dicho de paso la emoción te quita el hambre. Para los que hacéis dieta … EMOCIONAROS, cogí mi mochilita y me fui a pasear a la playa.

Al bajar las escaleras que llevaban a la arena se me aceleró el pulso y cuando me vi de pie en la orilla del Océano Indico todos los preparativos, la energia y el esfuerzo tuvieron sentido. Me puse a llorar como una niña
¿Qué más puedo pedir para empezar mi primer día?

¡Leven Anclas!

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He levado anclas y emprendo rumbo al Sur … de Africa. Mozambique me espera con los brazos abiertos. El ancla se ha encallado al inicio. Mi aerolínea quería dejarme en tierra por problemas administrativos con mi tarjeta, nunca se os ocurra perder una tarjeta después de pagar un billete de avión, de desatan las alarmas de los temidos departamentos de ventas y literalmente te dejan en tierra. Por suerte tenia al angel bueno conmigo ese día. Estaba temblando como un flan y a punto del colapso. “No le voy a contar la historia de mi vida”, le dije a la mujer, “pero le aseguro que hoy NO es el dia para que no pueda volar”¿Os imagináis? Yo No.


Desde el aire os escribo, después de una buena cerveza para relajarme del susto y una cariñosa despedida. Tantos sentimientos se agolpan, tantas preguntas sin respuesta y tantos descubrimientos a punto de empezar. La vida como la veo ahora en muchos sentidos evolucionará a otras perspectivas. Viajar es la única actividad en la que tienes el cambio de visión asegurado. Y darle la vuelta al Globo con el poco equipaje que llevo (estás asombrados, lo sé) todavía me enseñará más de lo que es esencial y lo que no para mí. Por ahora os aseguro que lo que me da pellizcos en el estómago al dejarlo no es ni mi casa, ni mis cosas sino mi gente, la de verdad, a la que considero Familia. Y ellos estarán siempre ahí para mi pase lo que pase.
Miro a mi alrededor y me pregunto si alguien más de este avión estará empezando su vuelta al mundo. Las historias de cada persona que se sienta a tu lado pueden ser tan o más especiales que la tuya propia. Otro de mis retos, hablar más con desconocidos, intercambiar más experiencias!
Comienza mi Aventura!

¿Qué Ruta para la Vuelta al Mundo?

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Imaginad que tomáis la decisión de iros a dar la vuelta al mundo en un año, gran momento para vivir, un subidón de adrenalina y una sensación de ligereza os embarga, ¿estáis visualizando el momento? Venga, ahora planeáis el cómo financiaros y el cuándo podéis iros. Os aseguro que querer es poder, hay opciones muy diversas desde ahorrar todo lo posible durante cierto tiempo hasta dedicaros a viajar trabajando  (para los curiosos os dejo una web útil www.helpx.net )  o una mezcla de las dos que es lo que haré yo.

Ya tenéis la base, hablemos ahora del dónde empezar y la ruta estimada grosso modo. Tomaros un minuto y decidme si es fácil decidir. Recordad que tenéis todo el mundo por recorrer… Tic Tac Tic Tac.

Así me encontré yo. Planté un mapamundi en la pared del comedor y comencé a investigar. Leyendo blogs de viajeros descubrí información muy útil sobre cómo decidir mi ruta. Fueron meses de deliberación, y todavía hoy la tengo como una ruta estimada, como decía el poeta “el camino se hace al andar”.

 

 

Los principales factores a tener en cuenta:

+Climáticos –  si quieres viajar con mochila y el menor equipaje posible a tu espalda necesitas evitar zonas frías

+Económicos –  ten en cuenta en qué países vas a poder sustentar tu economía en cuanto a alojamiento y comida para empezar

+Culturales –  cada persona se siente más o menos afín a diversas culturas, y a veces lo que menos te esperabas es lo que más te resuena. Abre tu mente

+Personales – siempre quise ir a… lo que siga en esa frase es un destino a tener en cuenta

Existen subfactores en estos factores pero sé que no los leeréis si lo hago muy largo, tenéis una vida muy ocupada lo sé. Por eso os hago resúmenes.

 

Mi viaje empieza el 1 de Septiembre de 2017 en África visitando Mozambique, Botswana y Sudáfrica.  De ahí seguiré siempre rumbo Oeste cruzando a Sudamérica: Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador conforman la ruta inicial. Un salto a Maui en Hawai, procedente de esos factores personales de los que os hablaba, antes de pasar a Nueva Zelanda. Desde aquí mis queridos países asiáticos llenarán el resto del viaje: Japón, Indonesia,  Laos, Camboya, Myanmar. ¿Para terminar? Un poco de India y un broche final en Nepal ¿Nada mal, eh?

Uno de los objetivos de mi viaje es aprender a dejarme llevar y a evitar el querer tener el control de todo (o creerme que lo tengo).  Todo el párrafo anterior lo ha escrito la María que necesitaba absolutamente tener un plan. Quizás descubráis si seguís leyendo el blog que la Ruta ha variado tremendamente mientras se iba haciendo y la María que os escribe modifica con sus pasos el plan establecido. En esto consiste el camino.

Todavía hoy, a menos de un mes de irme, no soy realmente consciente del gran proyecto que emprendo. Los preparativos me han tenido muy ocupada para pensar en ello y los nervios que comienzan en mi estómago hablan más de lo que dejo: mi casa, mi gente, mi amor. Seguramente mi toma de conciencia llegue en una puesta de sol africana mirando al Océano Indico.

Continuará 

 

Fuente:  https://rutasdearena.tumblr.com/ Blog muy recomendable si os gusta África y sus paisajes

¿Y si me atrevo a cambiar de vida?

Life Style

 

Cuando internamente tomé la decisión de montar el taller esa no fue la única decisión que venía en el paquete. El cambio de vida era inherente a ello, previo de hecho. Empecé a hacer cálculos sobre cómo montarlo, con qué compaginarlo, en qué horarios … no era compatible con mi trabajo de entonces. No solamente por un tema de horarios, sino principalmente por la cantidad y tipo de energía que necesitaba para llevarlo a cabo. Era necesario un cambio de vida, de escenario y de prioridades (algo que internamente venía anhelando hace tiempo) y un tiempo de transición para tirar lastre, coger fuerzas y cambiar de energía antes de empezar el taller.

 

 

Por mi experiencia sé que la mejor manera de vaciar la mochila y conocerse a uno mismo es viajar y ahí se encendió una bombilla en mi cabeza. Mi mente voló hacia uno de mis sueños de infancia. En una carta que escribí con menos de 10 años confesaba que mi mayor sueño cuando fuese mayor sería dar la vuelta al mundo. Primera reacción: Es una locura. Segundo pensamiento: ¿Seguro?. Tercera y última conclusión: ¡Me voy!. Y todo tuvo sentido, como una de esas epifanías en la vida en la que las piezas de un puzzle encajan. Viajar era definitivamente la mejor elección en mi caso.

     “Vivimos en un planeta viajero que va dejando su rastro en el cielo, un lugar aparentemente desordenado, caótico, que han observado noche tras noche los ojos de muchos hombres deseosos de comprender el mundo en el que vivían.  

   Muchos de esos hombres, inteligentes y curiosos, advirtieron muy pronto que, en el viaje, en la contemplación de tierras y mares desconocidos, se encerraba buena parte de las claves que, al cabo, habrían de hacer nuestro mundo comprensible”

Bernardo Souvirón, Ulises y Tarteso (“Los Pasos Perdidos”)

 

Amigas/os, espontáneos que visitáis la página y el blog. Me voy a dar la vuelta al mundo en un año, y este blog será mi medio de comunicación con vosotros. En él os contaré paso a paso mi aventura con fotos, videos, impresiones y reflexiones. Al fin y al cabo el Arte de ser consiste en el Arte de vivir, ¿no?

Quien sabe si esta mi aventura os inspira en algún aspecto u os hace reflexionar y decidís, vosotros también, cambiar vuestra vida a vuestra manera.

 

Por muchos motivos este cambio no se dio cuando yo lo planee sino un año más tarde, y en realidad ahora veo que así tenía que ser. Como decía mi madre, “si está para ti no está para  nadie más”, lo que yo traduzco por “pacencia y confía”. Ella es quien me ha inspirado en este camino, incluso después de irse, y quien me seguirá inspirando y guiando. A ella va dedicado mi proyecto y mi viaje.

 

Diraya y El Arte de dar la Bienvenida

Formulación

 

La primera vez que Arno vio mi apellido me preguntó ¿eres familia de Miguel?, y yo, desconcertada, pregunté ¿Quién es Miguel? Sonrío al recordarlo porque Miguel, que en ese momento era totalmente desconocido para mí, resultó ser uno de mis grandes compañeros y guías en este camino. Casi treinta años atrás él tuvo su propia epifanía, parecida y diferente a la mía, cuando descubrió la existencia del trabajo de Arno y decidió abrir su taller Diraya Expresión en Bilbao con Vega Martín.

 

 

 

Antes de mi primera llamada a Miguel sentía un gran nerviosismo, ¿Cómo sería Miguel? ¿Cuál sería su reacción ante mis preguntas y mi sed de saber sobre su trabajo, su taller y sus experiencias? ¿Las querría compartir conmigo? No quería que me tomase por una intrusa y al mismo tiempo me moría por saber todo. En mi libreta tenía anotadas dos hojas de preguntas, las primeras de muchas que me habían venido a la mente. Por lo que sabía Miguel llevaba años formando a gente en España y su experiencia era extraordinaria. No sabía que esperar y mis nervios iban en aumento.

Cuando contestó al teléfono le expliqué quién era y me quedé esperando unos segundos. No puedo expresar el calor que su voz y sus palabras me transmitieron. Miguel me abrió la puerta de par en par desde el primer momento, dispuesto a compartir conmigo todo lo que sabía y a ayudarme en todo lo que pudiera. A las pocas semanas me subí a un avión y fui a verlo a Bilbao donde no solo me abrió su taller sino su casa y su familia. Qué sensación tan preciosa la de encontrar a gente como él y como Vega, que dominan el arte tan puro de dar la bienvenida.

 

 

 

Tras unos meses comencé mis visitas a Bilbao a los talleres de Miguel. Es un aprendizaje muy valioso del día a día de un taller y sus dinámicas. Cada grupo es diferente, con sus propias energías y sinergias. Miguel asiste al grupo con destreza y con el mejor humor. En sus grupos como en el Closlieu encontramos niños de todas las edades, desde 3-4 años hasta más de 80 (que también son niños), grupos heterogéneos en los que el paso del espacio individual al espacio social se da de una manera natural. Se trata de grupos que llevan tiempo juntos y la energía que transmiten es de confianza, de comodidad, de respeto.  Su ejemplo es perfecto para ver cómo el trabajo de Arno ha desatado una maravillosa variedad de talleres y como ha tocado la vida de tantas personas.

Una niña del Closlieu

Formulación

Durante el año siguiente a mi formación con Arno en París decidí ser una “niña del Closlieu” y probar en mí misma qué se sentía pintando en el taller y siendo asistida por Arno Stern. Mi sorpresa no fue inmediata sino que poco a poco fui sintiendo cómo mis inseguridades y titubeos a la hora de pintar iban desapareciendo y salían de mí trazos  que ni de lejos podría haber planeado o pensado premeditadamente.

¿Cómo nuestra memoria orgánica funciona a niveles tan profundos?

Era real, había una necesidad interna más fuerte que mis ansias estéticas. Por supuesto esto no salió en los primeros meses. Fue más adelante cuando el “qué se espera de mí” dio paso al acto espontáneo y liberador de expresar cualquier cosa, fuese lo que fuese, sabiendo que nadie iba a juzgarlo.

Y justamente es ese “nadie va a juzgarlo” una de las cosas de las que más cuesta desprenderse. El gran aprendizaje sin duda está en dejar fluir lo que hay dentro ignorando lo de fuera. La persona que lleva el taller es clave en cuanto a la asistencia y el cuidado con el que trata a cada participante. Cuando pintas en el Closlieu aprendes que Arno aparece sin pedirlo siempre que lo necesitas y antes incluso de que te des cuenta. Observa vigilante todos tus movimientos anticipándose a tus necesidades. Y esto sigue siendo así con sus más de 90 años. Te sientes cuidado, guiado y respetado en cada paso.

 

 

– ¡Arno, chincheta! – dice un hombre al fondo

– Ahora mismo

– ¡Arno, necesito agua! – pide una mujer

– Aquí la tienes, y sube a este taburete, necesitas más altura para pintar ahora.

– Arno, quiero una mezcla de tres colores – dice la niña al lado de la mujer

– Coge una tapa y dime cuales son.

– No lo sé. De los azules, ¿Cuál de ellos será mejor? – replica ella

– Mézclalo con los dedos y averígualo. Cuando lo sepas me lo dices.

– Arno, no sé qué pintar – comenta tímidamente un niño de tres años recién llegado

– Coge el pincel y empieza, él te guiará.

 

Todo el mundo recibe lo que necesita y cada uno toma sus propias decisiones. Arno está allí para “servir” y darte las herramientas,  facilitarte así la inmersión en tu propio juego.

Cada fin de semana en el Closlieu era una aventura para mí, el tiempo entre las paredes del taller pasaba a una velocidad diferente al de la vida fuera. De hecho, el tiempo se paraba. Mis experimentos iban en aumento, a veces pintando con el pincel y a veces con los dedos, las mezclas de colores eran infinitas.

 

 

Mis cinco sentidos estaban allí: el olor de la pintura, el ambiente distendido, el tacto del pincel y el de la pintura en los dedos, los colores en todas las posibilidades de gamas, las charlas con los compañeros. Es un mundo paralelo del que sales como de un sueño a la vida real.

En cada sesión aprendía cosas nuevas de mis compañeros, y cada sesión mis compañeros más próximos cambiaban. Antonin (el nieto de Arno) fue uno de ellos en muchos momentos, a sus 4 años sus ansias de hablar y de pintar eran indudables y sus reflexiones fascinantes.  A mi otro lado una chica de unos 35 años pintaba un enorme cuadro desde lo alto de una escalera, ella era una niña del Closlieu desde sus 3 años y seguía  pintando allí cada semana. Como ella, muchos otros llevan gran parte de su vida en el taller viviendo la Formulación cada semana en total plenitud.

En el Closlieu la concentración y el trabajo de cada uno en su propia expresión se alternaban con el ambiente social y animado del taller de una manera natural y sin interferencias. Entendí entonces cómo el paso de lo social a lo personal puede darse desde el respeto, la ausencia de juicios y competición. Cuando cada uno está seguro de quién es y respeta a los demás el equilibrio social es posible.

 

 

 

En París me sentía como en casa, mi fortuna de haber vivido esta ciudad como un segundo hogar desde mis 20 años sin duda ayudaba. Aprovechaba los ratos libres entre sesiones del taller para ver a mis amigos, ir a eventos culturales y pasear por mis barrios favoritos. Hubo todo tipo de momentos, complicados  después del atentado terrorista  en la sala Bataclan, París era una ciudad desierta, dolida en lo más profundo y profundamente triste. Otros momentos más inspiradores y felices como los paseos en los parques, las cenas entre amigos y los desayunos antes del taller.

 

 

 

 

 

Recuerdo la última sesión con Arno en el Closlieu.

Comprendí por qué tanta gente rememora sus días allí como los más felices de su infancia. La Formulación restaura a la persona reforzando la seguridad en sí misma y el respeto a los demás ¿Quién no querría vivir tal experiencia? Es un tesoro para toda la vida.

 

 

 

Encontrar a Arno

Formulación

 

Recuerdo estar sentada en una gran librería.  La mayor parte del tiempo, al entrar en una librería, mi vista vuela entre los millones de títulos y suelo coger aquel cuya portada evoca algo en mí, lo que sea, bueno o malo. Me gusta oler los libros, me reconforta. Desde luego no soy de las personas que se sientan en una librería a leer, no es mi estilo. Esta vez fue diferente. El libro de André Stern me cautivó con su título Yo Nunca fui a la escuela, su lectura me atrapó en cuestión de minutos y me encontré sentada en la librería sin poder parar de leer. Fue muy emocionante volver a vivir esa sensación de entusiasmo después de tanto tiempo.

Tardé poco en entender que, como suele pasar y pasa, las cosas ocurren siempre por alguna razón, y la mía era conocer a Arno, el padre de André. Su enfoque espontáneo y natural era tan refrescante, tan diferente de lo que había visto hasta ahora que tuve la profunda certeza de haber encontrado una perspectiva que iba conmigo y que podría darme una de las claves para ayudar a los demás a través del Arte. Así conocí a Arno, por medio de André.

A los pocos meses estaba en París formándome con él, haciendo descubrimientos maravillosos que cambiarían mi vida y desaprendiendo falsas creencias. Todo cobraba sentido a medida que pasaban los días. En mi pequeño apartamento en Saint Germain des Près mi mente trabajaba como una locomotora después de cada sesión con Arno.

Cada día con él me llenaba de entusiasmo, me sentía más y más identificada a cada paso. Mi manera de pensar y de actuar, la manera en la que me gustaría desarrollar mi vocación coincidía con la propuesta sencilla de Arno, lejos de los encorsetamientos y los estándares sociales. Entendí entonces que el rechazo que me creó mi Formación en Educación Infantil era legítimo y compartido con muchas otras personas. Existe un acercamiento más simple, más natural y lo estaba descubriendo.

Tantos sentimientos se agolpaban en mi corazón y en mi cabeza. Conectaba los eventos en mi vida con la certeza de que todo me había llevado a ese punto, desde mi pasión por el francés (sin él no hubiera podido formarme con Arno) a mi pasión por París, justo donde el taller de Arno se sitúa. Mi camino me llevó por lugares donde aprendí lo que no quiero. Aprender sobre la educación me creó rechazo, abandoné ese proyecto por una razón muy interna que ni siquiera lograba poner en palabras. Ahora entendía el por qué, entendía que tal como yo sentía en mi interior las cosas eran mucho más simples, más naturales, más orgánicas.

Digería toda la información que estaba recibiendo a diario de Arno y me daba cuenta de lo que me había llevado hasta allí, como si fuese una espectadora con una pantalla en macro perspectiva de mi vida. Descubría la Formulación y pensaba en cómo saberlo cambiaría la vida del ser humano, una vida más plena, donde el ser humano no se compara con los demás ni se juzga o autocritica sino que entiende de donde viene, puede expresarlo sin miedo, asimilarlo y ser completo. ¿Y si yo pudiera ayudar a propagar esa semilla? – me preguntaba, ¿Y si pudiéramos rectificar el camino que la humanidad ha tomado?

Estaba segura, como estoy hoy, de que fue el primer paso verdadero e irrefutable en el camino para mi proyecto Art of Being y lo seguirán, como hasta ahora, incontables éxitos, aprendizajes y momentos llenos de entusiasmo ayudando a los demás a través de Arte de ser ellos mismos.